Se llevó a cabo el primer Summit de inteligencia artificial realizado en un país en vías de desarrollo (India AI Impact Summit 2026), que reunió a jefes de Estado, CEOs globales, investigadores, reguladores y startups para abordar los grandes desafíos y oportunidades de la inteligencia artificial. Se presentó la Declaración de Nueva Delhi sobre IA, respaldada por 88 países, entre los cuales no estuvo Chile, que no envió a representante alguno.
La declaración tiene de dulce y agraz. Hay varias materias importantes de consenso, pero no lo hay en algo que era clave: la gobernanza global vinculante, debido al rechazo de Estados Unidos, que subraya la tensión entre cooperación y soberanía tecnológica.
El encuentro reforzó la idea de que la IA puede permitir a países en desarrollo saltar etapas y construir capacidades propias, siempre que exista acceso a cómputo, datos y talento. Hubo acuerdo en que la IA debe ser segura y confiable, reducir desigualdades en vez de ampliarlas, y respetar la diversidad lingüística y cultural. Quedó claro que la IA generará nuevos empleos y transformará sectores completos en poco tiempo.
Hay una lectura estratégica de este Summit para países como Chile y regiones como América Latina. La gobernanza global de la IA se está definiendo ahora mismo. Chile no está en la mesa donde se escriben las reglas. Si no entramos ahora, entraremos tarde y como tomadores de estándares, en vez de co-creadores.
¿Por qué esto es importante para Chile? Porque la IA afectará la regulación, la productividad del país, sus servicios públicos, la educación y los derechos ciudadanos. La ausencia de Chile implica pérdida de soberanía tecnológica y regulatoria, y no solo quedarse atrás económicamente. El presidente electo manifestó la importancia del uso de inteligencia artificial en la modernización de Chile. Eso es encomiable, pero no es suficiente. Tenemos que insertarnos en todos los foros donde se está discutiendo el desarrollo y el futuro de esta tecnología, que es tanto como decir el desarrollo y el futuro del país. Tenemos que ser un aporte en América Latina, una locomotora en vez de un vagón. Y eso requiere una articulación que aún no existe, pero que podemos poner rápidamente en marcha.
Efectivamente, el Boletín N° 16821-19 para regular el uso de IA en Chile tomó como referencia el IA Act de Europa. Ello permite a Chile llegar a los foros globales con un mensaje más sólido. Chile no parte de cero: se alinea con el estándar más avanzado del mundo. Chile no está improvisando: está adaptando un marco probado a su realidad. Chile es un socio confiable: habla el mismo lenguaje regulatorio que la UE y la OCDE.
En lo medular, el proyecto regula los usos del sistema de IA, promoviendo su desarrollo ético y sostenible, respetando los derechos fundamentales y los principios democráticos, y estableciendo principios generales como transparencia, protección de datos y responsabilidad legal. Además, establece que los usos de los sistemas de IA se clasificarán de acuerdo con su riesgo, en categorías de riesgo inaceptable, alto riesgo, riesgo limitado y sin riesgo evidente. En lo personal, no estoy del todo convencido que se legisle en la materia de forma tan exhaustiva. Puede prevalecer un enfoque distópico en la aplicación de la ley, con lo cual tendríamos cortapisas a la innovación. El legislador comenta que se ha redactado buscando un equilibrio entre el resguardo de derechos y el estímulo a la innovación, pero eso es según su particular visión de lo que significa el resguardo de los derechos. Por otro lado, al no estar presente en los foros internacionales donde se está definiendo la gobernanza global, podríamos terminar con una ley que no cumple con esa definición, y habría que volver a legislar. Creo en todo caso que, habiendo redactado la ley a partir de la norma europea, dicho riesgo es bajo.
En cualquier caso, es de esperar que el Summit IA 2026 sea el último encuentro global de IA al cual no asistamos. De lo contrario, seremos irrelevantes en la mayor revolución tecnológica de la historia. Es de esperar que se apruebe la ley de IA en los primeros seis meses del Gobierno entrante. Es de esperar que la IA tenga su propia agenda y estructura dentro del Gobierno. Podría ser dentro de la Secretaría de Gobierno Digital como establece el proyecto de ley. O podría depender directamente de Presidencia, lo cual le daría la relevancia que requiere.
Alfredo Barriga
Profesor UDP
Autor “Presente Acelerado – la Sociedad de la Inteligencia Artificial y el Urgente Rediseño de lo Humano” (en Amazon)