América Latina adquiere relevancia estratégica por sus recursos y potencialidades, debido a la triple transición del siglo XXI (Ecológica, digital y energética) en medio de las tres estrategias geopolíticas dominantes (EEUU, la UE y China). Pero al mismo tiempo, va quedando atrapada en una nueva relación que podemos denominar “centro-periferia algorítmica”. La revolución algorítmica no elimina la vieja relación centro–periferia; la reconfigura. Y la pregunta que enfrenta América Latina es tan clásica como urgente: si seguirá siendo objeto de sistemas que otros diseñan o si logrará decidir qué no está dispuesta a delegar y cómo crear capacidades propias para asegurar su soberanía digital.
Porque la diferencia con la teoría de la dependencia cepalina del siglo pasado, es que con la Inteligencia Artificial la cuestión no es solamente qué producimos y exportamos, y en qué relación con los centros, sino quién controla los sistemas extractivistas de datos, los procesa y transforma en conocimiento accionable. Y de este modo, el deterioro de los términos de intercambio cambia de objeto y también de actores, en una infraestructura de poder global que organiza información, anticipa comportamientos y orienta decisiones.
Literatura crítica y debates contemporáneos sobre tecnología, poder y desarrollo, por ejemplo de autores como Shoshana Zuboff y Nick Couldry, así como los análisis políticos de Henry Kissinger y Erick Schmidt, ilustran a este respecto. Por su parte, atendiendo al pensamiento estructuralista clásico latinoamericano, que sostiene que el subdesarrollo es una posición estructural en un sistema global desigual, la idea de la dependencia centro-periferia reaparece frente a la economía digital y la inteligencia artificial.
La región genera enormes volúmenes de datos, pero esos datos rara vez se procesan y convierten en modelos decisionales dentro de la región. Se integran a plataformas, infraestructuras y algoritmos desarrollados en otros países, bajo lógicas ajenas a los contextos locales. Este desplazamiento tiene consecuencias profundas para la democracia y el desarrollo, ya que la amenaza es perder capacidad de decisión estratégica. En ese escenario, la región corre el riesgo de convertirse en un espacio de aplicación pasiva de decisiones diseñadas en otros contextos sociales, culturales y políticos. América Latina no está en condiciones de competir, en el corto plazo, en la frontera global de la IA, pero no puede ser solo usuaria. Si bien la soberanía tecnológica total no es posible, y de hecho ni las grandes plataformas y países pueden tenerla, algo más básico y urgente podría estar a nuestro alcance, una mínima pero fuerte soberanía decisional.
Esto implica invertir y crear capacidades públicas para comprender, auditar y regular sistemas algorítmicos, coordinar esfuerzos a escala regional para evitar la fragmentación, y asociarse con espacios normativos como la Unión Europea, propuestas multilaterales como el Global Digital Compact del Pacto para el Futuro, y levantar iniciativas propias a escala latinoamericana, como por ejemplo la que lanzó México denominada “IA Soberana” sobre soberanía digital en modelos de lenguaje LLM, o la iniciativa promovida desde Chile con la CAF, CENIA, AWS y Data Observatory “LATAM-GPT”, que se presenta como el primer gran Modelo de Lenguaje Abierto de América Latina y el Caribe, un bien público regional de Inteligencia Artificial y una infraestructura habilitante que permitirá a gobiernos, universidades, startups y empresas desarrollar soluciones propias, abiertas y transparentes, alineadas con los desafíos y oportunidades de la región.
Prof. Héctor Casanueva
Vicepresidente del Foro Académico Permanente América Latina, el Caribe y la Unión Europea (FAP ALC-UE)
Profesor-investigador del Instituto Universitario
de Análisis Económico y Social (IAES), UNIVERSIDAD DE ALCALÁ, Alcalá de Henares, España
Coordinador de la Cátedra de Prospectiva y Relaciones Internacionales,
Instituto de Estudios Internacionales, UNIVERSIDAD DE CHILE
Ex Embajador de Chile en Ginebra y Montevideo