​Contra la Corriente

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Loreto Seguel


Las exportaciones de salmón en 2025 confirman que el mundo demanda salmón chileno, pero seguimos inmersos en un escenario de estancamiento productivo. ¿La razón? Los envíos, si bien alcanzaron US$6.552 millones, el resultado no responde a una expansión de la capacidad productiva sino más bien a temas de tipo de cambio y diversificación en formatos y mercados.


Detrás de esas cifras hay miles de familias y trabajadores que, a través de talento, innovación y eficiencia, han construido, por décadas, una industria resiliente. Y es esto lo que reflejan estos datos: cómo las empresas productoras, a pesar de los límites normativos y nudos regulatorios, han logrado mantener con cierta estabilidad los volúmenes e ingresos de sus exportaciones. Salir adelante bajo escenarios complejos, muchas veces invisibles y desconocidos, ha permitido mantener la competitividad de una industria estratégica para el bienestar del sur de Chile.


Sin embargo, no se ha logrado revertir la contracción acumulada de los dos últimos años. En términos concretos, la salmonicultura chilena mantiene un escenario de estancamiento productivo.


Cuando una actividad estratégica para el sur austral y para el país completo se sostiene únicamente a punta de eficiencia interna, sin posibilidades reales de crecer, dicho esfuerzo tiene un límite y el mayor riesgo es que el estancamiento termine consolidándose. Y eso ya no es sólo un problema sectorial: estamos ante un gran desafío país.


La salmonicultura chilena cuenta con ventajas competitivas únicas, como el liderazgo mundial en salmón Coho/pacífico y una inserción en el ámbito internacional que es motivo de orgullo para las regiones del sur. Sin embargo, hoy enfrenta restricciones que no se resuelven sólo con más trabajo o mayor ingenio. La complejidad regulatoria, la incertidumbre en los permisos y la falta de una mirada de largo plazo están tensionando la sostenibilidad económica de la actividad y afectando directamente a los territorios donde se emplaza.


Chile debe decidir si quiere seguir apostando por el desarrollo productivo del sur y por su rol como solución al desafío global alimentario. Esa decisión requiere reglas claras, una política de Estado y una visión de largo plazo que permita que la salmonicultura chilena vuelva a crecer y desarrollarse, entregando bienestar a miles de familias.


Para avanzar, es indispensable retomar una conversación seria, técnica y con anclaje territorial sobre el futuro de la salmonicultura. No se trata de crecer sin límites, sino de crecer mejor, con estándares exigentes, innovación permanente, trazabilidad y una gobernanza moderna que entregue certezas. Persistir en la indefinición regulatoria y en la lógica del corto plazo sólo profundiza el estancamiento y posterga oportunidades de empleo, inversión y desarrollo que el sur de Chile no puede seguir esperando.


El salmón chileno ha demostrado que sabe nadar contra la corriente. Ahora le corresponde al país generar las condiciones para que esta industria pionera y emprendedora, nacida y desarrollada en el sur austral, siga aportando al desarrollo regional y nacional. Avanzar hacia una nueva Ley de acuicultura con un modelo de crecimiento sostenible, que compatibilice la actividad productiva con el cuidado del medioambiente y el bienestar de las comunidades locales, es parte central de ese camino y es una deuda que aún tenemos con Chile.



Loreto Seguel

Presidenta Ejecutiva del Consejo del Salmón

europapress