Las últimas semanas, el mercado de criptomonedas ha estado marcado por los máximos históricos en los dos principales activos digitales: Bitcoin (BTC) sobrepasó los US$ 124,000 el 14 de agosto, y Ethereum (ETH) se cotizó por sobre los US$4,950 el domingo pasado.
Este último hito, también contagió al resto de criptomonedas (cryptos alternativas o altcoins). Para entender la estructura de este mercado, revisemos algunas cifras. De los casi US$ 4 trillones de dólares de capitalización en criptomonedas existentes a la fecha (figura 1), la dominancia de BTC es de 58%, mientras la de ETH alcanza el 14%, correspondiendo a las altcoins el 28% restante.
Figura 1. Capitalización Global Criptomonedas
(trillones de dolares)
Fuente: CoinMarketCap.
Cabe mencionar que existen más de 300 altcoins, donde después de las top 10 decaen fuertemente los montos de capitalización, todas por bajo los US$750 millones. Dado que BTC fue el primer blockchain público y de código abierto y ETH surge de una generalización del código de BTC, dando origen a los contratos inteligentes en una interpretación más amplia – siendo también de código abierto -, se concluye que en mayor o menor medida todo el resto de altcoins son directa o indirectamente derivadas de las dos principales criptomonedas.
Por ello, la proliferación de meme coins y cryptos puramente especulativas, se han transformado en un riesgo creciente para la estabilidad financiera. Dicho de otro modo, hace bastante sentido pensar que las altcoins podrían ser las nuevas punto.com, dado que al igual que en los 90s surgieron miles de empresas explotando el concepto de “internet”, muchas de las cuales no contaban con un modelo de negocios sólido, hoy hay miles de tokens y blockchains sin representar una innovación real, a diferencia de Bitcoin y Ethereum.
Esto se vuelve especialmente relevante en la actualidad, donde septiembre suele ser un mes de correcciones en el precio de BTC y potencialmente en ETH con posterioridad, a pesar de que se podrían observar impulsos adicionales a nuevos máximos en las próximas semanas, para posteriormente repuntar en los meses de noviembre-diciembre. Estimaciones de inversionistas minoristas, hablan de 560 millones de usuarios globales que poseen criptomonedas y más de 50 millones de traders activos en exchanges que regularmente funcionan apalancados en derivados (futuros perpetuos).
En cuanto a las stablecoins, tokens basados en las mismas tecnologías pero garantizadas en dólares con la finalidad de mantener la paridad con el dólar pero en formato 24/7, con costos de transacción inferiores a los conocidos hasta ahora, también han tenido un año explosivo, en especial las dos principales basadas en la tecnología implícita tras Ethereum (USDT y USDC).
Durante 2025, también se ha observado una creciente presencia de inversionistas institucionales, a través de inversiones de tesorerías o la oferta de ETF’s. De hecho, Jamie Dimon CEO de JPMorgan, si bien mantiene su posición escéptica sobre Bitcoin, reconoce la fuerte demanda de los clientes y estarían evaluando ofrecer préstamos garantizados con Bitcoin y Ethereum y eventualmente ofrecer ETF’s al igual que BlackRock. También se observa un giro de parte de los reguladores, que en el pasado reciente no tomaban muy en cuenta las criptomonedas.
En esa línea destacan, declaraciones de autoridades del ECB que advierten que el entusiasmo por las criptomonedas en EEUU podría desencadenar una crisis financiera con repercusiones globales o su presidenta Christine Legarde, quien ha advertido de la amenaza de las stablecoins a la política monetaria y la necesidad de imponer reglas sólidas. Más aún, tanto en EEUU como Reino Unido hoy se están analizando la inclusión de criptomonedas en los fondos de pensión, mientras un conjunto más amplio de países debate si constituir reservas en activos digitales.
En síntesis, 2025 junto con ser el año definitivo de consolidación de las criptomonedas, hoy ya hay conciencia de los riesgos que involucra para la estabilidad financiera global, especialmente de parte de las criptomonedas alternativas.
Patricio A. Jaramillo, Economista y director de Riesgo Financiero de PwC Chile