​Épica en las familias empresarias: El tiempo es ahora

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Gonzalo Jimenez


Las empresas familiares están en el centro de nuestra sociedad. Según varios estudios, representan casi el 80% a nivel nacional. Esta envergadura también nos habla de su responsabilidad. Precisamente porque son agentes sociales imprescindibles, su rol debe ser épico. Pero no es necesaria una guerra troyana ni la cólera de Aquiles para despertar a nuestros héroes y heroínas, es precisamente el cotidiano que vivimos el que nos convoca a sacar nuestros mejores aportes con coraje y valentía.

Estamos en un momento de la historia en el que necesitamos valor para emprender una empresa, crear un proyecto y para seguir adelante construyendo un mejor país para todos. Afortunadamente esta fuerza se encuentra en la base de las culturas familiares y en los infinitos aprendizajes previos que nos sostienen. Es desde ahí, más la apertura necesaria de los procesos de escucha, lo que nos ayudará a trazar el camino para generar empleos, desarrollo y bienestar compartido.

En la mitad del año gregoriano y muy cerca a un nuevo año mapuche, son las familias empresarias las que deben tener un rol activo en las transformaciones que la sociedad requiere. Es absolutamente insuficiente solo “gestionar la crisis” o “lavar imagen”, esta es una oportunidad para que las familias empresarias hagan aportes significativos en todos los niveles de esta transformación de la que somos parte.

Para lograrlo, los dueños y las altas direcciones de empresas deben recordar, y si es necesario re-construir, el sentido de sus negocios. Solo desde un vínculo fluido con las personas, las comunidades y la naturaleza, es que la actividad empresarial se volverá a convertir en protagonista de la vida social.

Este rol central en la sociedad se construye con herramientas estratégicas claves. La primera es el que la familia empresaria esté alineada en torno a una visión compartida, con reglas comunes para la toma de decisiones y mecanismos de resolución de conflictos, que habitualmente se recoge en un protocolo familiar. La segunda, dotarse de un directorio que promueva la profesionalización necesaria para liderar las transformaciones requeridas en estos tiempos de cambios estructurales. La combinación entre talento -sumado a disciplina- familiar y talento externo es la mejor fórmula para lograr sinergia creativa. Estos elementos combinados entre sí, deben posibilitar la necesaria revisión de los modelos mentales imperantes que podrían estar impidiendo ver las oportunidades; sin ánimo de desecharlos, sino de explorarlos, ajustarlos y renovarlos.

El tiempo es ahora. Actuemos con la consistencia de lo que somos y no solo midiendo consecuencias de corto plazo. Las familias empresarias piensan en generaciones y no en trimestres. Precisamente, es en esas co-construcciones junto a otros, que lo imperecedero de las empresas familiares se perpetua con fuerza.


Gonzalo Jiménez Seminario

CEO Proteus Management & Governance

Profesor de ingeniería UC