Nuevo y poco original informe de la OCDE

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A1El día 4 de febrero recién pasado fue publicado el último informe de la OCDE sobre la situación económica de Chile en relación a los efectos de la pandemia, como también una evaluación de nuestro sistema tributario y de las medidas que ha tomado la autoridad al respecto, el cual ha sido recibido con reverencial recogimiento por algunas personas que sacralizan las opiniones que esta importante organización internacional emite de nuestro país, dándome la idea que están revitalizado los dichos medievales, generando remozado “OCDE DIXIT”.

En esta oportunidad, la venerable organización ha señalado que nuestro país ha reaccionado bien ante la situación que nos ha tocado vivir y que se han aplicado medidas adecuadas y oportunas atendiendo a las necesidades de los sectores más necesitados como son las pymes, al igual que el socorro que ha dado a los sectores más vulnerables a través del Ingreso Familiar de Emergencia. Así también destaca el sólido trayecto de Chile en medidas para limitar las amenazas del cambio climático. Estas connotaciones le permiten aposta por una recuperación de nuestra economía en los próximos años, revirtiendo lentamente la gran caída que hemos experimentado en el ejercicio recién pasado.

Sin embargo, ha señalado algo que no es un secreto: los niveles importantes de desigualdad que nuestro país presenta en forma reiterada en los últimos años, evidenciando niveles crónicos. Esta disparidad en el bienestar de la sociedad, se cuantifica en que la mitad de los chilenos se encuentra en una situación de vulnerabilidad económica, aunque muchos de ellos no se considera pobres, lo que no evita que el COVID pueda afectarlos y provocarles una importantísima disminución de sus ingresos y materializar la penuria que soslayan las estadísticas.

Sin duda que ese diagnóstico es conocido y evidenciado en forma dramática desde octubre del año 2019, como también que la autoridad chilena tiene presente tal situación y está trabajando para poder paliar sus consecuencias, lidiando con una oposición ideologizada que replica tozudamente cada proyecto que se presenta en virtud de esos menesteres.

En este concierto, la OCDE emite su informe el cual incluye una serie de sugerencias para solucionar o mitigar las debilidades que evidenciamos, siendo estas sugerencias las opiniones que ciertas personas consagran con ferviente convicción de estar dotadas de una sapiencia que ilumina nuestra incapacidad subdesarrollada de encontrar la solución a nuestros problemas.

Diversas recomendaciones han sido impartidas aludiendo, obviamente, al sistema tributario que es la fuente por antonomasia para proveer al Estado de los recursos necesarios para cumplir con sus roles.

Algunas de las recomendaciones han sido seguir con el apoyo direccionado a los sectores más vulnerables de nuestra economía. También deben ser atendidas las necesidades que aún están en las demandas sociales que se manifiestan con vehemencia por la ciudadanía y que cuya expresión ha sido tan paradójica que el mismo informe de la OCDE la considera como uno de los factores que ha retrasado la inversión en nuestro país.

También se ha señalado que debemos aumentar la base de tributación de los impuestos a la renta, revisando las exenciones y demás elementos que están vinculados a estos tributos, es decir, aumentar la recaudación a través de la eliminación de aquellos mecanismos que en la actualidad generan una menor recaudación porque se ha beneficiado a algún sector en particular que no han redituado los efectos que se esperaban cuando se establecieron determinadas concesiones. Así también se ha soslayado la idea de generar “impuestos negativos” a la renta focalizados en los sectores más vulnerables. Paralelamente se sugiere ampliar las bases de tributación de los impuestos que afectan a las personas naturales.

Sin dudas que estas recomendaciones nacen de la reflexión seria y documentada que ha caracterizado a los informes de la OCDE, pero, hay que reconocer, carecen de originalidad y no representan una fórmula mágica que nos permita evitar la proyección de caída de la producción y bienestar en el año 2020, ni una reactivación más rápida que la proyectada en los próximos años, como tampoco ayudan a mejorar o evitar las terribles consecuencias que la pandemia está generando.

Además de lo anterior, las recomendaciones insisten en postulados archiconocidos y de evidente valoración como es la preocupación por la educación pre-escolar, básica y media, cuidado que siempre ha estado presente por la autoridad económica de nuestro país, aunque, debemos reconocer, con relativa efectividad, pues no olvidemos que la “gratuidad” en la educación superior ha permitido que muchos jóvenes no tengan inconveniente económicos para acceder a la educación superior, lo cual no garantiza que puedan mantener tal concesión social por medio del rendimiento académico que demuestren, como tampoco no ha evitado que las instituciones de educación superior experimenten una considerable merma en sus presupuestos al tener fijados externamente los aranceles sobre los cuales se concede esa dádiva financiera a los estudiantes.

Al leer el informe de la OCDE, recordé una anécdota que me contó un amigo que era gerente de finanzas de una empresa que estaba en serios problemas financieros y recibió el consejo del fiscal de la compañía quien le dijo con solemne entonación: lo que tienes que hacer para solucionar los problemas que tienes, es aumentar las ventas y rebajar los costos. Creo que el documento que hemos recibido también ha sido bienintencionado y técnicamente correcto, pero no ha lucido por la propuesta de mecanismos que realmente sean efectivos para nuestra realidad y han caído en la evidencia y en el peso de los hechos que no garantiza un éxito o solución mágica a nuestros problemas, sugiriendo a la autoridad económica las mismas políticas que se están aplicando, pero que cuesta implementar por la realidad de nuestro país y de nuestra situación política y social que hemos estado viviendo en los últimos años.


Prof. Germán R.Pinto Perry

Director Magíster en Planificación y Gestión Tributaria

Universidad de Santiago