​¿Seremos capaces de evitar un pésimo regreso en marzo?

|

Mario astorga (columnista)La paz y el amor que nos inunda en navidad y las celebraciones del año nuevo parecen haber adormecido las inteligencias de quienes nos gobiernan desde la Moneda, el Congreso y los partidos políticos. Si uno escucha a los parlamentarios y dirigentes pareciera que la madre de todas las batallas es votar SI o NO a la nueva Constitución y continuar des-oyendo las principales demandas de los ciudadanos que han sido desde un comienzo por mejor salud y educación, salarios mínimos éticos y pensiones de mínima sobrevivencia. La nueva Constitución ha tenido una prioridad bastante menor para la mayoría de la gente, pero ha sido hasta ahora la primera prioridad de los políticos.

Uno entiende ese comportamiento desde la extrema izquierda, que no quiere cambios ni transformaciones sino agudizar las contradicciones para hacer posible, algún día en el futuro, (para ellos mientras más cercano mejor), una revolución que ponga en poder en manos del pueblo (un eufemismo para decir en manos del PC), o aquellos que pregonan destruir el modelo, sin arriesgarse declarar cuál es la alternativa que proponen. También se entiende ese comportamiento de parte de la extrema derecha, liberal en lo económico y conservadora en todo lo demás, porque creen que tienen todo el derecho a mantener el orden establecido y las prebendas heredadas, ya sea de la dictadura o de sus antepasados. Prebendas tributarias (los impuestos más bajos de la OECD y la peor distribución de ingresos después de impuestos de la OECD), judiciales (que los delitos económicos sigan siendo muy bien tipificados, pero sin sanciones o tan bajas que son en verdad una “promo a seguir delinquiendo”), culturales (regocijarse del acceso casi exclusivo al arte, la buena música, la ópera y el teatro y hablar de los rotos y del servicio domestico como si fueran una especie subhumana, acceso privilegiado de sus hijos a una educación de alta calidad, etc.).

Pero es casi inverosímil que ese sea el comportamiento de prácticamente todos los dirigentes políticos y gobernantes. Adicionalmente los políticos de oposición gastan varios días en ponerse de acuerdo en acusaciones constitucionales que no tienen ninguna relevancia en comparación con desactivar la seguidilla de bombas de tiempo que se comenzaron a activar el 18 de octubre pasado, de las cuales aún quedan cientos por activarse si no se actúa a tiempo.

Con una complacencia supina las autoridades anuncian que la cantidad de contingencias ha disminuido muchísimo en relación a los primeros días, como si ya la “bestia” estuviese siendo controlada, sin tomar en consideración que estas recrudecerán, y posiblemente serán peor que antes, en marzo y en abril, cuando terminen la vacaciones y vuelvan las escuelas, colegios, institutos y universidades a clases y los manifestantes se den cuenta que ni el gobierno ni el congreso avanzaron en ninguno de los temas sustantivos, o lo hicieron de muy mala gana. ¿Necesitan ver al país nuevamente en llamas para darle prioridad a lo importante y ponerse a trabajar en ello?

La única posibilidad que tiene el país de evitarse seguir con los bloqueos de rutas y calles, destrozos en el Metro, y saqueos a miles de PyMEs, supermercados y farmacias es que la clase política sea capaz de ofrecerle, a fines de febrero, el mejor acuerdo posible sobre salario mínimo, pensiones, salud, y educación. Seguir privilegiando las discusiones sobre el Plebiscito, la Constitución y acusaciones constitucionales por sobre las demandas concretas es des-oir a la ciudadanía, la que seguramente les responderá en las próximas elecciones. Podemos tener un marzo menos malo, pero los partidos políticos, parlamentarios y el gobierno tendrían que renunciar a sus vacaciones. ¿Será mucho pedirle eso a nuestros SERVIDORES PÚBLICOS?


Mario Astorga De Valenzuela