Desesperanza y frustración

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Luis Riveros (columnista)Estamos formando a los niños y jóvenes de la educación pública en una cultura de violencia y choque social. No se trata sólo de buscar a los culpables para castigarlos y con ello construir nuevas fuentes de disputa y controversia medial. Se trata de reflexionar y corregir lo que estamos haciendo como sociedad cuando ellos se dan cuenta de que están en un sistema no prioritario y poco habilitante; verdaderamente un sistema rezagado respecto de su contraparte privada. Movimientos y partidos de izquierda brindan apoyo a las manifestaciones anti sistémicas que a diario se representan por tomas y violentas protestas en los colegios públicos, pero más que nada como una instrumentalización política. En todo caso, los que quieren estudiar pasan a segundo plano, puesto que hasta muchos padres empujan a sus hijos al escenario de violencia que asumen remediará la forma en que la sociedad trata a la educación pública. Es curioso, sin embargo, que esto es más bien un fenómeno de Santiago, y que en lo particular afecta a los establecimientos más emblemáticos, así poniendo de relieve su premeditado diseño dentro de las agendas políticas. Indudablemente a la educación pública también le afecta, hoy en día, el paro de profesores que se extiende por casi seis semanas, y que se constituye en un adicional perjuicio para los estudiantes que se verán así inhabilitados para proseguir exitosamente sus estudios superiores. Esto lo saben y lo entienden los estudiantes de la educación media pública, acentuando su descontento con la sociedad y el orden existente. Saben también que en todos los últimos años la educación pública no ha sido una prioridad en las políticas públicas, así como también comprenden que ello se debe a que la educación privada es la que recibe a los hijos de quienes hacen las políticas. Esto acentúa su verdadero resquemor, que para muchos es un capital político que se debe explotar, aunque para los más sea simplemente una acción perversa que compromete el futuro de toda la juventud chilena. Nuestros niños de la educación pública viven un sistema anquilosados de enseñanza- aprendizaje, con escasa innovación, y sin los medios con que cuenta su contraparte privada. A pesar de todo esto, aún nos preguntamos sobre las razones de su desesperanza y frustración y nos atrevemos a hablar impúdicamente de igualar su condición.


Luis A. Riveros