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Luis Riveros |
Parece ser que lo sublime de esta idea no estaba en quienes no sólo han ocupado la Casa Central sino que la han ensuciado con signos y letras de una protesta que poco o nada tiene que ver con la academia.
Cuando median muertes, persecución y cárcel para los opositores, es difícil creer en la voluntad y compromiso democrático de quienes defiende esos regímenes.
No es admisible que se declaren demócratas quienes justifican regímenes como los de Venezuela y Nicaragua, donde se oprime el pensamiento libre y se asesina con los medios del Estado. Perfeccionar la democracia es una cosa: una dictadura como remedio es simplemente falsedad.
Terminar con el flagelo de la corrupción es lo que toda América Latina debe esperar como un ejemplo de consecuencia honesta con la democracia que decimos honrar.
Los mismos Senadores deberían, a iniciativa propia, poner tales materiales a disposición pública en la propia página del Senado.
Se trata de un homenaje adeudado a un gran estadista, símbolo de tolerancia, democracia y buenas ideas al servicio de la República.
Resultado: la empresa decidió cerrar, dejando a 1200 familias sin sustento, y la inversión posiblemente se marcha a Perú ¿Quién responderá ahora por este lamentable desaguisado fruto de visiones anquilosadas y perniciosas?
Somos todos culpables de esta verdadera aniquilación del futuro. Los ¡niños primero! debe ser más que una frase convincente; debe ser un compromiso nacional a sostener por las próximas décadas.
En vista de los actuales debates, no es impensable que se proponga prohibir la cueca chilena por constituir un acto que simboliza el acoso.
Si la protesta se plantea sobre la base de ideales fáciles de expresar, pero complejos de implementar en forma concreta, llevará a estancar las cosas y no a progresar.