Poco diálogo prevalece entre los distintos actores de la educación chilena. No lo hay entre los distintos niveles en orden a establecer un mÃnimo de coordinación en beneficio de los estudiantes y del paÃs. La enseñanza media no dialoga con la superior, y mucho de lo que cada nivel realiza se basa en supuestos que poco o nada reflejan la realidad educativa y el efectivo cumplimiento curricular. También existe poco diálogo entre los propios actores de la educación superior, como es el caso de los niveles de Instituto Profesional, CFTs y universidades; parece haberse construido una detrimental muralla de silencio. Producto de ello, por ejemplo, no existe colaboración ni continuidad de programas ni traspaso de experiencias educativas que sirvan al crecimiento del sistema en su conjunto. Tampoco hay debido diálogo entre las universidades, ya que cada una actúa de forma individual dentro de sus audiencias y públicos, induciendo asà un marcado e inconveniente aislacionismo. No existe la colaboración; con dificultades se ha insinuado un sistema en las universidades estatales, pero poco o nada más allá de eso.
La reciente Ley sobre Educación Superior y aquella sobre Educación Pública no se refieren en nada a este importante aspecto para el desarrollo del sistema educacional del paÃs. Todo parece haberse puesto en manos de una autoridad que interviene y castiga, dejando poco espacio para una activa cooperación interinstitucional. Si hubiese mayor diálogo y colaboración se tendrÃa un sistema educacional más integrado, más innovativo y menos proclive a la repitición. Si hubiese más colaboración, el paso de la media a la superior serÃa menos traumático de lo que actualmente es, y muchas instituciones de educación superior podrÃan acortar la duración de sus carreras puesto que los estudiantes podrÃan traer una formación más acorde a las exigencias.
Si hubiese disposición al diálogo y colaboración entre instituciones, la educación superior podrÃa ser más eficiente y efectiva. Por eso, serÃa tan conveniente que la autoridad se concentrara en producir e incentivar el diálogo y la colaboración que hasta hoy dÃa ha sido muy insuficiente.
Luis A. Riveros
Universidad de Chile