Chile vive un momento clave en su historia financiera. En plena era digital, los pagos electrónicos han superado con creces al efectivo, las transacciones sin contacto se cuentan por millones cada mes y cada chileno realiza en promedio 374 pagos digitales al año. Esta transformación acelerada ha posicionado al país como uno de los líderes regionales en innovación financiera, impulsando a bancos, fintechs y comercios a evolucionar sus modelos de atención y servicios.
La era del cliente digital no admite excusas. Hoy las transacciones deben ser instantáneas, sin horarios y habilitadas en múltiples rieles de pago. Y lograrlo no exige reestructurar el core: los bancos pueden dar el salto hacia ecosistemas de pagos 24/7, sin fricciones y con total seguridad y eficiencia.
Durante décadas, las instituciones financieras operaron sobre infraestructuras robustas pero rígidas, diseñadas para un mundo en el que los procesos complejos dirigidos desde una sucursal de diseño impecable era sinónimo de confiabilidad y la inmediatez no era prioridad. Ese modelo ya no es mínimamente relevante para un público de nativos digitales que trasladó su visión de inmediatez y simplicidad a todas las generaciones.
En América Latina, la transformación es evidente. En 2013, el efectivo representaba el 67 % de las transacciones en tienda; para 2024 cayó al 25 % y se proyecta que alcanzará apenas el 17 % en 2030. Este cambio refleja no solo nuevas preferencias de consumo, sino una transformación cultural en la que el teléfono móvil se consolidó como un hub de interacción con personas, dinero e incluso identidad digital.
Por su lado, Chile se posiciona como uno de los líderes regionales en la adopción de medios de pago digitales y sin contacto, según el XVIII Informe de Medios de Pago de Nuek, presentado durante el evento “Nuek Day: Beyond Payments” en Santiago. El informe revela una acelerada disminución del uso del efectivo, que pasó del 70 % al 63 % entre la población bancarizada en apenas un año (2023–2024), consolidando un cambio estructural en los hábitos financieros del país.
Uno de los indicadores más significativos de esta transformación es el crecimiento del uso de tarjetas de débito físicas para compras presenciales, que aumentó del 81 % al 87 % en el mismo período. A marzo de 2024, se contabilizaban 27,5 millones de tarjetas de pago activas, mientras que más de 580.000 comercios aceptan actualmente pagos digitales, lo que representa un incremento interanual del 28,7 %.
El mensaje es claro: la operación 24/7 ya no es un horizonte lejano, sino un requisito competitivo. Y alcanzarlo no implica reemplazar toda la infraestructura existente. Plataformas nativas en la nube y agnósticas al core, como Frame Banking™, permiten a bancos y fintechs habilitar múltiples rieles de pago en tiempo real - desde transferencias y remesas hasta billeteras digitales - con seguridad, eficiencia e interoperabilidad.
Este salto no es solo tecnológico, sino estratégico y redefine el rol de cada actor en el ecosistema. Los bancos tradicionales dejan de ser meros ejecutores de procesos para convertirse en arquitectos de servicios; las fintechs se consolidan como aceleradores de innovación; y los reguladores se transforman en facilitadores de marcos que impulsan la interoperabilidad.
En definitiva, la transición hacia pagos digitales 24/7 no responde únicamente a la demanda del cliente. También abre la posibilidad de generar nuevas fuentes de ingresos y construir ecosistemas transaccionales más rentables y sostenibles. Quienes logren integrar múltiples rieles de pago y ofrecer experiencias sin fricciones estarán mejor posicionados para liderar un mercado donde el cliente cierra una cuenta con un “swipe” y abre otra con un clic.
Por Pablo Pereyra Portugal, Chief Revenue Officer de 2innovate