Bipolaridad

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A1Nuestro país vive los síntomas de una especie de bipolaridad social. En efecto, Chile vive tiempos muy difíciles en lo económico y sanitario, pero el mundo político está envuelto en debates que ocurren realmente en otra esfera, distinta y casi contradictoria con lo que el ciudadano medio demanda. En efecto, la economía cayó en forma manifiesta el año 2020, con una significativa deuda externa y un enorme déficit fiscal. El desempleo (corregido por los desocupados desalentados) se empina bien por sobre el 20% de la fuerza laboral y la inversión se mantiene en una especie de desánimo que seguramente reducirá significativamente las posibilidades de una clara recuperación durante este año y los que vienen. Las únicas buenas noticias son la mantención de una baja tasa de inflación y la recuperación del precio del cobre en el mercado internacional. Pero el chileno medio no lo está pasando bien, a pesar de los “retiros” que los políticos han aprobado y que esencialmente consisten en que cada cual financie sus problemas con su propio ahorro. Lo esencial es que la recuperación no está en modo alguno garantizada, y que indicadores cruciales como ingreso del trabajo y distribución del ingreso, dependen fundamentalmente del crecimiento económico puesto en riesgo por la situación prevaleciente.

Pero al mismo tiempo, la ciudadanía está sufriendo severamente los nuevos embates del COVID19, incluyendo las mutaciones del virus cuyos alcances aún no se conocen totalmente. El sur de Chile está prácticamente todo en cuarentena, y se cierne la amenaza de lo mismo sobre el resto del país. Muchos, poco conscientes sobre la situación que prevalece, burlan controles y realizan actividades que multiplican la expansión del virus. Dicen que la gripe española de 1918 fue también muy severa y que la segunda oleada fue aún más mortífera que la primera. Por lo que se escucha, muchos especialistas creen que este volverá a ser el caso. Y mientras tanto, se continúa comprimiendo la actividad económica, especialmente en el área de servicios y turismo, con lo cual se hacen permanentes los efectos negativos sobre el empleo, especialmente en la mediana y pequeña empresa. La capacidad del sistema de salud para atender los efectos de esta nueva oleada se ve seriamente amenazada, y no es claro que la vacuna, aún en un escenario optimista de cobertura durante este primer semestre, pueda efectivamente detener el daño.

Crisis económica y crisis sanitaria son los dos aspectos que amenazan a nuestro país y ponen en duda el eventual éxito de una recuperación que debería tener lugar este año. Por cierto, se esperaría que el mundo político vierta sus preocupaciones y busque el diálogo y consenso necesario para avanzar firmemente en la recuperación económica y en el mayor control de la crisis sanitaria. No es así. Se concentra el debate político en temas electorales que son, por cierto, muy importantes pero no al nivel de copar las agendas y excluir el tratamiento de materias esenciales para abordar las dos crisis. Por cierto, esta situación también pospone la discusión de temas álgidos en el campo social, como es la reforma de pensiones que dormita por largo tiempo en el Congreso Nacional o la necesidad de focalizar mayor y mejor acción en el campo de la salud y la educación públicas. Por el contrario, todo se concentra en los procesos electorales venideros, sin siquiera primar un debate de fondo que construya acuerdos en bien del país.

El inconformismo social se acentuará, porque la percepción de distanciamiento de los problemas ciudadanos volverá a llamar a un rechazo hacia “los políticos”, envolviendo una mayor crisis institucional junto al desprestigio de los poderes del Estado. Al mismo tiempo, crecen las dudas si acaso este mismo distanciamiento de los problemas ciudadanos prevalecerá desde la Convención Constitucional, acentuando el problema vigente y remarcándolo por el hecho simple y claro que la nueva Constitución no resolverá los problemas que constituyen la base del clamor ciudadano. La discusión en esa Convención, que ya se dice se verá amenazada por una acción política de facto, no acercará los temas a la ciudadanía, los mantendrá en un campo de relativa generalidad, no separará materias constitucionales de la elaboración de simples leyes, y será la causa de una nueva frustración. Pero el mundo político vive ensimismado en su mundo de sucesivos procesos electorales; ya son miles los candidatos declarados y serán otros tantos lo que vendrán para las elecciones parlamentarias y presidenciales. Pero cercanía con la gente y sus problemas, discusión seria sobre los problemas que aquejan al ciudadano medio, y adopción de acuerdos para minimizar el dolor social de las dos crisis que agobian a Chile, de eso ni siquiera se escucha hablar.


Prof. Luis A. Riveros