Jugando con fuego

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Luis Riveros (columnista)


Ya es un lugar común decir que la clase política “no da el ancho”, especialmente frente a las graves circunstancias que afectan al país y al mundo. Los conglomerados políticas están Inundados de discursos populistas, de airadas manifestaciones de inconsecuencia y de gran ignorancia en materias técnicas y políticas; ni siquiera se atreven a escuchar las voces de expertos. Aquellos que han dicho que defienden a la clase media, no dudan ni un minuto en perjudicarla, utilizando información parcial y sesgada en beneficio de ellos mismos. Aquellos que dicen defender a los más pobres, no tienen ni una idea concreta y viable para ir real y sosteniblemente en su auxilio. Los que han dicho defender la propiedad privada y la libre empresa, no trepidan ni un segundo en darle golpes arteros para beneficiar su cara popular. Todos, transversalmente, descalifican las ideas contrarias sin tener claras ideas propias, y no responden a ningún lineamiento de principios ni de propuestas significativas, y se hace costumbre el traicionar a sus propios aliados. La república está muriendo en manos de estos políticos.

La opinión ciudadana es muy categórica. Los partidos, sus coaliciones y los políticos mismos que protagonizan sus haceres, están en niveles de desaprobación que ni siquiera son tenidos en cuenta. Eso envuelve al Parlamento y al Gobierno, de manera muy similar, sin que siquiera haya un atisbo de reacción positiva frente al enorme reto que esto importa para la democracia. Junto con ello, e infortunadamente, han ido ganando en desprestigio los Poderes del estado, debilitando en forma inusitada en nuestra historia la institucionalidad que tanto costó construir y reconstruir. Y también ha vuelto a caer la credibilidad del sistema judicial, con muchos dictámenes que no hacen sentido al ciudadano, y porque ya se vuelve a insinuar el grave riesgo de compromisos políticos tras el nombramiento de autoridades de la Corte. Si uno a eso suma el desprestigio que se ha ganado Carabineros y el Ejército, por la acción de unos pocos, y las vergonzosas acciones de ciertos grupos empresariales para desfavorecer al consumidor, entonces se concluye que el país ha caído en una tormenta perfecta, de la cual no es para nada claro como saldrá adelante.

Fueron esos mismos políticos los que determinaron que una nueva Constitución ayudaría a superar los problemas que tiene Chile. Esos mismos políticos estarán a cargo del proceso Constituyente, y serán esos mismos partidos, coaliciones y líderes quienes finalmente impongan las membrecías y poderes de tal nueva instancia. Poca esperanza se abriga a que esto realmente abra las compuertas a la mirada hacia el Chile futuro que se supone está en manos de esta generación, y en medio de las terribles circunstancias que se han añadido a nuestros retos estructurales. Así diseñado, será el camino a una mayor frustración, que desatará desilusiones de parte de quienes ven esta instancia como un real camino de mejoramiento y justicia.

La aprobación de la idea de legislar sobre el posible retiro del 10% de los Fondos de pensiones para que los cotizantes enfrenten los efectos económicos de la pandemia, es una muestra irrefutable del accionar populista del parlamento. Los economistas de distintas posiciones políticas advirtieron que aquello era un error, además de una injusticia por postular el “autopréstamo” como un medio de apoyo económico. No fueron escuchados y primó un discurso sin fundamento, respecto de que esos fondos serían “reintegrados”, mientras otros aseguran que eso jamás fue así considerado. La celebración de un grupo de Diputados puños en alto y danzando en la sala (así descuidando la norma sobre distancia social) puso en evidencia que el problema era más que el 10%: se trataba de propinarle una derrota al gobierno y de abrir la puerta para un cambio total en el sistema de pensiones. Se puede estar de acuerdo con ello, pero sin embargo, el proyecto de reforma del sistema de pensiones y AFP lleva años esperando en el Congreso, sin activarse para poder así cambiar o mejorar el sistema vigente. Lo más grave, es que ambas coaliciones no fueron consecuentes con sus postulados para así tener un debate en serio sobre un problema real no resuelto de la sociedad chilena. Peor aún, un número de Diputados se “abstuvo”, lo cual significa que no manifiesta opinión respecto de un asunto tan vital para el país.

Chile necesita un liderazgo sustantivo, que otorgue estabilidad al país y que encabece la gran tarea de sacarnos de la postración económica y social en que nos ha dejado la pandemia. Debe ser un liderazgo transversal, con firmes propósitos y que promueva el diálogo. Eso no se avizora en los actuales conglomerados y, peor aún, lo más factible es que combatan fieramente la idea por escaparse de sus hábitos de control político. El país ve con aprensión que se está jugando con fuego, y afectando seriamente el futuro de la patria.


Prof. Luis A. Riveros