¿Feliz 2020?

|

Luis Riveros (columnista)


El último trimestre del 2019 presenció una brutal demostración de que en nuestra sociedad algo no está funcionando bien. Y todavía, después de los chocantes episodios de desestabilización política, caos social, destrucción de bienes públicos y privados y crisis policial y delincuencial, hay más de un 60% de los chilenos que piensan que las movilizaciones deben continuar (CADEM 311– última semana de Diciembre). Es decir, algo nos está pasando, y ello permite predecir que nuestra crisis continuará no obstante los acuerdos sobre un proceso Constituyente y las iniciativas que tratan de remediar en parte, el retraso del país en materia socio económica.

Las protestas continúan porque existe grave desconfianza hacia los políticos, los partidos, el Congreso y el propio Gobierno, quienes han acordado el proceso que sigue. Eso es lo único que permitiría desentrañar eventos tan fuera de lógica, como una protesta con barricadas en el centro de Puerto Montt, el día de Navidad (25 de Diciembre en la mañana). Ciertamente, todo esto es manejado por grupos concertados anarquistas y delincuenciales, eso está probado. Pero sigue ocurriendo a pesar de la observada disminución en intensidad y masividad de protestas que han tendido a perder principios sustentadores, para dedicarse solamente a ciertas prédicas ideológicas y generalistas, no a objetivos sociales o políticos específicos, aparte de pedir la cabeza del Presidente de la República. No obstante, ellas no han perdido apoyo ciudadano porque a estas movilizaciones subyace la desconfianza con el proceso que viene: por una parte, porque el mismo está entregado totalmente a manos de los partidos y sus dirigentes, cuya aprobación no supera el 10%, incluyendo partidos, movimientos y el propio Congreso Nacional. Por otra parte, porque hay muy distintas lecturas respecto a qué efectivamente se puede esperar de una nueva Constitución: algunos plantean cuestiones refundacionales, como restringir la propiedad privada, estatizar los Fondos de Pensiones, eliminar instituciones privadas dedicadas a proveer servicios de carácter público, etc. Otros mencionan temas no menos relevantes, como nacionalizar el uso de las aguas, construir un Estado más interventor y creador de empresas o mejorar profundamente la educación y la salud públicas. Es decir, no hay una propuesta definida en torno a lo que se discutirá en la Asamblea Constituyente que se plantea, y todo estará entregado, finalmente, a los mismos políticos que se adueñarán de los cargos públicos, los directorios de las empresas del Estado y el uso de los ahorros y recursos privados. Así se genera desconfianza e incertidumbre sobre los resultados del proceso acordado por esos mismos actores de los cuales se desconfía. Pero además, un acto tan significativo como lo es refundar la República a través de una nueva Constitución, no se desarrollará en el mejor ambiente de estabilidad y confianza en el futuro: por el contrario, estará dominado por amenazas, funas, demostraciones extemporáneas y violencia callejera. Así, el proceso que viene estará dominado por desconfianza, incertidumbre y temor, el peor escenario para la importancia que el mismo debe asumir.

Todo esperamos que Chile recupere su estabilidad y las emociones logren contenerse para así facilitar el proceso político. Pero aquí entra en juego la nueva variable: una crisis económica que nos afectará (y nos está afectando) seriamente. La caída del ingreso real y del empleo, además de la falta de confianza para llevar a cabo nuevas inversiones, serán caldo de cultivo para nuevas demostraciones, que se sumarán a aquellas que arrastra la desconfianza y la incertidumbre. Todo esto, con un Gobierno que efectivamente se ha hecho a un lado de los problemas que tiene que enfrentar, y de un Congreso que sigue actuando a oídos sordos del sentimiento ciudadano.

No podremos esperar un buen año 2020 en estas condiciones. Se precisará un liderazgo de esperanza, de razón y de efectivo compromiso con las aspiraciones ciudadanas. Y eso es lo que, desafortunadamente, no se aprecia en el horizonte nacional.


Prof. Luis A. Riveros