Sr. Director,
Como chileno que vive en Europa, observo con profunda preocupación cómo se deteriora lentamente la convivencia y el respeto por los valores que han construido nuestras sociedades. Lo que hoy ocurre en París y otras ciudades europeas no es solo vandalismo: es una señal de alerta sobre el debilitamiento de la autoridad, las instituciones y el Estado de derecho.
Resulta inquietante ver cómo la inacción y la conveniencia política de algunos sectores terminan favoreciendo a minorías violentas que, amparadas en interpretaciones equivocadas de los derechos humanos, destruyen no solo bienes públicos y privados, sino también los valores, las normas y el respeto que permiten vivir en sociedad. Mientras se multiplican las consideraciones hacia quienes destruyen, parecen quedar en segundo plano los derechos de millones de ciudadanos que solo quieren trabajar, vivir y transitar en paz.
No podemos permitir que una minoría de vándalos y anarquistas imponga su voluntad mediante la violencia y termine erosionando aquello que generaciones han construido. La tolerancia no puede convertirse en permisividad, ni los derechos humanos en un argumento para justificar la destrucción y la impunidad.
Chile debe mirar lo que sucede en Europa como una advertencia. La democracia no se defiende con pasividad: requiere leyes firmes, autoridades responsables y sanciones para quienes destruyen lo que pertenece a todos. Defender el Estado de derecho es también defender nuestra forma de vida, nuestras libertades y los valores que nos unen como sociedad.
Occidente no puede resignarse a su decadencia. Defender la democracia, la libertad y el respeto por la ley no es una opción: es una responsabilidad con las generaciones que vienen.
Doctor Héctor Valdés,
Cirujano Plástico