Cuando la academia anticipa el riesgo

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Marcelo Caverlotti



Las recientes inundaciones que afectaron al campamento Ribera del Río, en Talagante, producto de las crecidas del río Mapocho, nos enfrentan a una pregunta fundamental: ¿era posible anticipar este escenario? La respuesta es sí. Hace cuatro años, estudiantes de la Universidad de Santiago de Chile ya habían desarrollado una investigación que identificaba los riesgos asociados a la ocupación de este territorio. Hoy, sus resultados adquieren especial relevancia frente a una emergencia que vuelve a poner en evidencia la necesidad de anticiparnos a los desastres.


Durante octubre de 2026, el campamento enfrentó reiteradas emergencias. Las crecidas registradas los días 8 y 20 de octubre obligaron a realizar evacuaciones y activar mecanismos de alerta para proteger a las familias. Según antecedentes entregados por las autoridades comunales, el asentamiento cuenta actualmente con aproximadamente 642 viviendas, de las cuales cerca de un centenar se encontraba en sectores especialmente críticos durante la última emergencia. Estos acontecimientos demuestran que la prevención debe comenzar mucho antes de que se produzca una situación de peligro.


En 2022, los estudiantes Gabriel Esteban Albornoz Parra y Brian Fernando Bravo López, del Departamento de Ingeniería Geoespacial y Ambiental (DIGEA) de la Universidad de Santiago de Chile, desarrollaron, bajo la dirección del profesor Jaime Backit Gutiérrez y con el apoyo académico del Departamento, el trabajo de título “Análisis de los posibles riesgos a los que se exponen asentamientos irregulares ubicados en zonas de restricción en la ribera del río Mapocho, comuna de Talagante, mediante técnicas de Teledetección”. La investigación utilizó tecnología GNSS de alta precisión, vuelos con drones, fotogrametría y herramientas de análisis geoespacial para identificar las amenazas presentes en el sector. Sus resultados permitieron reconocer aproximadamente 581 viviendas expuestas a inundaciones y arrastre de sedimentos, cifra considerablemente superior a los antecedentes disponibles en aquel momento, que consideraban alrededor de 130 viviendas.


Asimismo, el estudio advertía sobre la necesidad de actualizar los catastros y fortalecer la gestión territorial.


Cuatro años después, las inundaciones de octubre de 2026 confirman la relevancia de aquellas advertencias. Aunque las cifras de viviendas corresponden a levantamientos realizados en distintos momentos y no son directamente equivalentes, reflejan la magnitud de una problemática territorial que ya había sido identificada mediante herramientas científicas.


Lo más significativo es que esta investigación trascendió el ámbito universitario. Sus resultados fueron presentados oportunamente ante las autoridades de la Municipalidad de Talagante, poniendo a disposición antecedentes técnicos que podían contribuir a la planificación territorial, la gestión del riesgo y la protección de las comunidades.


La experiencia de Talagante merece una reflexión profunda. No se trata de atribuir responsabilidades ni de desconocer la compleja realidad social y habitacional de las familias del campamento. Se trata de reconocer que el conocimiento científico permite identificar amenazas con anticipación y que incorporarlo a las decisiones públicas puede marcar una diferencia sustancial en la seguridad de las personas.


Este trabajo, desarrollado íntegramente en el DIGEA, refleja el modelo formativo que impulsamos: estudiantes que, acompañados por sus académicos, aplican ciencia, tecnología e innovación para enfrentar problemas reales del territorio. Cuando la formación universitaria se vincula con las necesidades de la sociedad, una memoria de título deja de ser únicamente un requisito académico y se transforma en una contribución concreta para la toma de decisiones públicas. Esta experiencia tampoco constituye un caso aislado. Nuestro Departamento dispone de capacidades científicas y tecnológicas en geomática, geodesia, hidrología, teledetección, sistemas de información geográfica y análisis territorial, que permiten colaborar con instituciones públicas en gestión del riesgo de desastres, recursos hídricos, planificación territorial y adaptación al cambio climático.


Esa capacidad instalada representa uno de los aportes más valiosos que una universidad pública puede ofrecer al país. Chile necesita avanzar hacia mecanismos permanentes de colaboración entre universidades, municipios y organismos públicos, que permitan transformar los resultados de las investigaciones en catastros territoriales actualizados, mapas de amenazas, sistemas de monitoreo y medidas preventivas. No basta con generar conocimiento: debemos establecer las condiciones institucionales para que esa información llegue oportunamente a quienes tienen la responsabilidad de planificar y gestionar el territorio.


La experiencia de Talagante demuestra que la universidad pública no solo forma profesionales: también genera conocimiento capaz de anticipar riesgos y contribuir a proteger vidas.


La naturaleza siempre entrega señales. La ingeniería aprende a interpretarlas y las universidades las transforman en conocimiento útil para la sociedad. El verdadero desafío es convertir esas advertencias en decisiones oportunas. Porque prevenir siempre será más inteligente, más humano y mucho menos costoso que reconstruir.



Por Dr. Ing. Marcelo Caverlotti S.; Director del Departamento de Ingeniería Geoespacial y Ambiental (DIGEA); Universidad de Santiago de Chile.

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