La actividad productiva del país trae una tendencia recesiva. Desde enero de 2026 muestra un Índice Mensual de Actividad Económica, IMACEC, con valores negativos, los que entre abril y agosto de este año han estado fluctuando alrededor de -1%, excepto junio, que fue +2,4%. La expectativa generalizada es que en 2026 tengamos un crecimiento del PIB anual entre 0,0% y 0,3%, mientras que los más optimistas, Hacienda, proyectan 0,7%. Acompañando a esta baja actividad productiva, tenemos una alta tasa de desempleo, situado desde el trimestre móvil de febrero-marzo-abril 2026, en 9,1% y en aumento, llegando a 9,6% en agosto. El deterioro también se observa en la composición del empleo. En marzo-mayo el aumento de la ocupación lo impulsaban la industria manufacturera (+5,2%), salud (+6,0%) y actividades profesionales (+11,6%). En cambio, en junio-agosto estos sectores crecían poco y la industria manufacturera caía en -7,6% e información y comunicaciones en -16,8%.
En lo que va del año hubo dos momentos respecto de la Inflación. Entre marzo y abril el Gobierno neutralizó el MEPCO y el alza internacional en el precio del petróleo (por guerra USA-Irán) pasó casi completa a los precios internos de Chile: gasolina +8,2% en marzo y +25,3% en abril, diésel +45,7% en abril. El IPC de abril (1,3%) fue el mayor desde julio de 2022. Desde mayo los combustibles corrigieron (en julio gasolina -8,5% y diésel -13,5%) y la inflación anual bajó a 3,5%, para volver a subir a 4,1% anualizado, en agosto por alimentos y pasajes aéreos. El escenario inflacionario actual combina un shock de costos (por aumento del precio de los combustibles) todavía significativo, con una demanda interna más debilitada (en consumo privado e inversión). A su vez, la inflación internacional también se mantiene alta, en septiembre sube a 3,7% en EE. UU. y a 3,8% en la Zona Euro.
Bien sabemos que la política monetaria del BCCh es cautelosa y no se espera que cambie su TPM, pero en USA y la Zona Euro se vuelto contractiva. Así, el Central mantuvo por unanimidad la TPM en 4,5% (08 de septiembre). Mientras que la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) subió 25 pb a 3,75%-4,00% el 16 de septiembre, su primera alza desde 2023, y el Banco Central Europeo (BCE) llevó la tasa de depósito a 2,50% el 10 de septiembre. Lo que haga la FED también pesa en Chile, si sigue subiendo su tasa de referencia (como se espera) y el BCCh la mantiene, el diferencial de tasas se reduce y presiona al alza al tipo de cambio, que ya está en sus niveles más altos de los últimos cuatro años. Un dólar alto encarece los bienes importados y es un canal de traspaso adicional al IPC.
El precio del petróleo sigue siendo un riesgo para el tipo de cambio y la economía chilena y preocupa. El Brent cerró en US$103,4 el 2 de octubre, 6% sobre su nivel de hace un mes y 57% sobre el de hace un año. A diferencia de junio, cuando el acuerdo EEUU-Irán lo había llevado bajo US$80, el conflicto volvió a escalar y el tránsito por Ormuz depende hoy de escoltas militares. Cada mes que el crudo se mantenga sobre US$100 aleja la inflación chilena del supuesto del IPoM.
Durante septiembre y comienzos de octubre de 2026, el tipo de cambio presentó un aumento significativo, en un contexto de mayor debilidad de la economía chilena y de condiciones externas menos favorables para el peso. La serie diaria de dólar observado del Banco Central de Chile, informa que el 15 de octubre de 2026, llega a $917,66 por dólar, acercándose nuevamente a la barrera de los $1.000. La depreciación reciente del peso coincide con una economía que se debilitó durante el transcurso del año, por la desaceleración de la demanda interna, menores tasas de crecimiento del consumo e inversión, por un deterioro de los indicadores de confianza y una menor producción minera. También podría afectar al tipo de cambio (apreciándolo) el alto precio del cobre que se encuentra en máximos históricos (6,56 US$/lb promedio en septiembre) y que en los tres trimestres de 2026 se sitúa en 6,09 US$/lb, que representa un 40,6% de alza en comparación al mismo período del 2025. Pero, lamentablemente Chile tiene problemas de producción y oferta de cobre.
La demanda interna confirma una pérdida importante de dinamismo, su crecimiento cae de 2,3% a 0,1% entre 1er y 2º trimestre 2026. El consumo de los hogares también cae, a 1,2% en el 2º trimestre, peor situación se observa en la Formación Bruta de Capital Fijo que cayó, en variación real, de 2,2% a 0,3% entre el 1er y el 2º trimestre. En cambio, para 2027 y 2028, el Central anticipa altas expansiones de la inversión privada, de 8,1% y 7,1%, respectivamente, que se basan en la casi nula tasa de 2026 y se apoyan en las perspectivas de nuevos proyectos y los efectos esperados de la Ley de Reconstrucción, que baja los impuestos a las empresas y se espera que incentiven fuertemente a la inversión.
Durante septiembre de 2026, el Índice Mensual de Confianza Empresarial (IMCE) alcanzó un nivel de 49,36 puntos, aumentando 1,16 puntos respecto de agosto, todavía reflejando cautela empresarial. Desde abril a julio el índice permaneció en alrededor de 44 puntos, manteniendo a las expectativas empresariales agregadas en terreno pesimista.
Las Finanzas Públicas siguen estrechas y tenemos una Política Fiscal contractiva para reducir los déficits. Lo que se ve emporado con el debilitamiento de la economía que afecta la recaudación fiscal. No obstante, entre el 2o y 3er trimestre el elevado precio del cobre permitió sostener la recaudación fiscal, por los mayores ingresos fiscales provenientes de la minería privada, que contribuyeron a mejorar la proyección del déficit efectivo desde -2,0% a -1,8% del PIB y del déficit estructural desde -2,6% a -2,3% del PIB, pese al deterioro del escenario macroeconómico, reflejando una posición fiscal más favorable que la prevista en el segundo trimestre, pese al deterioro de las perspectivas de crecimiento económico.
En el ámbito fiscal, con las altas expectativas de recuperación de la economía chilena (para 2027 se proyecta un crecimiento del PIB de 3,3%) los ingresos del Gobierno Central, proyectados alcanzarían a $84,4 billones de pesos corrientes, mientras que el gasto público crecería de manera acotada en 1,5% real, reflejando un esfuerzo por compatibilizar las prioridades gubernamentales con la disciplina fiscal. La materialización del crecimiento del PIB en 2027 dependerá en gran medida de la normalización de la actividad minera, del mantenimiento de condiciones externas favorables y de la capacidad de consolidar una recuperación sostenida de la inversión privada.
Finalmente, la economía chilena atraviesa un período de bajo crecimiento, deterioro del mercado laboral y presiones inflacionarias impulsadas principalmente por el alza del petróleo y su introducción en la economía interna, la depreciación del peso y las tensiones geopolíticas internacionales. Aunque la inflación se mantiene por sobre la meta del Banco Central, la debilidad de la demanda interna limita una respuesta monetaria más restrictiva. La actividad minera y la inversión han perdido dinamismo durante 2026, afectando las perspectivas de crecimiento. Pese a ello, los altos precios del cobre han contribuido a mejorar la posición fiscal. Para 2027 se proyecta una recuperación de la economía que se sustenta principalmente en el impulso de la inversión pública contemplada en el Proyecto de Ley de Presupuestos 2027.
Víctor Salas Opazo y Equipo del Conversatorio de Política Económica,
ECPE-USACH, Departamento de Economía