​El cumplimiento comienza en la próxima decisión

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Claudia Blau0301zquez

Durante años, hablar de cumplimiento significó hablar de leyes, regulaciones, controles y auditorías. Y aunque esos elementos siguen siendo fundamentales, hoy sabemos que una organización verdaderamente íntegra se construye sobre algo mucho más profundo: su cultura.


Las normas establecen el marco, pero la cultura determina cómo actuamos cuando enfrentamos una decisión real.


Vivimos en un entorno cada vez más exigente. Nuevas regulaciones, mayores expectativas de transparencia, estándares ambientales, protección de datos personales, prevención de delitos económicos, gestión de conflictos de interés y fortalecimiento del gobierno corporativo son parte de una agenda que evoluciona constantemente. Sin embargo, uno de los aprendizajes más relevantes de los últimos años es que ninguna regulación, por robusta que sea, puede reemplazar el criterio y la conducta de las personas.


El cumplimiento ya no puede entenderse como una responsabilidad exclusiva de las áreas de Riesgo, Cumplimiento, Auditoría o Legal. Tampoco como una lista de requisitos que se revisa una vez al año. El verdadero desafío es lograr que los principios y valores de una organización estén presentes en cada decisión cotidiana, desde la operación de una planta hasta las decisiones estratégicas de la alta dirección.


Las crisis corporativas que hemos visto a nivel mundial rara vez ocurren porque faltaba una política. Generalmente ocurren porque alguien decidió ignorarla, porque no preguntó a tiempo o porque normalizó una práctica que parecía inofensiva. Por eso, cuando hablamos de cultura de cumplimiento, hablamos de personas, hablamos de decisiones, y hablamos de liderazgo.


Una forma de involucrar a las personas es a través de actividades presenciales, capacitaciones, espacios de conversación y contenidos prácticos orientados a acercar la ética y el cumplimiento a la realidad diaria de los equipos. El objetivo debe ser fortalecer una cultura donde cada persona conecte los valores con sus decisiones, sepa cuándo consultar o levantar la mano y conozca las herramientas que la protegen.


Más que una campaña, lo importante es que las empresas empiecen a abrir conversación. Una conversación sobre dilemas reales, sobre situaciones donde no siempre existe una respuesta evidente y sobre la importancia de actuar con integridad incluso cuando nadie está mirando. 


La experiencia nos demuestra que las organizaciones más resilientes no son necesariamente las que tienen más controles, sino aquellas donde las personas comprenden por qué esos controles existen y se sienten responsables de protegerlos. La confianza, al igual que la reputación, se construye lentamente y puede perderse en un instante. Por eso, fomentar una cultura donde las personas se atrevan a preguntar, alertar y actuar correctamente es una inversión estratégica para cualquier organización.



Claudia Blázquez Giraudo, 

Gerente Corporativo de Riesgo, Cumplimiento y Auditoría Interna de Empresas Iansa


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