La menopausia altera la microbiota vaginal y puede afectar al deseo sexual

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El descenso de los estrógenos durante la menopausia puede provocar cambios en los tejidos vaginales y en la microbiota, mientras que factores como el dolor, las alteraciones del sueño, el cansancio y el estado de ánimo pueden influir en el deseo sexual, según explica Ana Sierra, psiconutricionista y jefa del Servicio de Psiconutrición de Clínica Neogenia, con motivo del Día Mundial de la Menopausia, que se celebra el 18 de octubre.



"Cuando una mujer consulta por sequedad, dolor o menor deseo, necesitamos saber también cómo duerme, cómo se encuentra emocionalmente y qué está ocurriendo con su salud digestiva. No porque el intestino explique todos los síntomas, sino porque tratar una molestia de forma aislada puede dejar fuera factores que están influyendo en cómo la vive", explica Ana Sierra, psiconutricionista y jefa del Servicio de Psiconutrición de Clínica Neogenia.



Durante la etapa reproductiva, en muchas mujeres predominan distintas especies de Lactobacillus en la vagina. Estas bacterias contribuyen a mantener un pH ácido. Con el descenso estrogénico, el epitelio vaginal puede hacerse más fino, perder elasticidad y lubricarse peor; también suele aumentar el pH y puede reducirse la presencia de lactobacilos.



La sequedad, el escozor, las molestias urinarias y el dolor durante las relaciones forman parte del síndrome genitourinario de la menopausia. Pero la composición bacteriana no explica por sí sola su intensidad, por lo que recuperar una mayor presencia de lactobacilos no implica necesariamente que todas las molestias desaparezcan.



Algunas bacterias intestinales participan en el metabolismo de los estrógenos. El conjunto de genes de la microbiota intestinal capaces de producir enzimas que intervienen en ese metabolismo se llama estroboloma. "El estroboloma nos ayuda a entender que el metabolismo hormonal también tiene una relación con el intestino. Sin embargo, no podemos prometer que un probiótico vaya a recuperar la lubricación o el deseo", señala Sierra.



Los cambios de la transición menopáusica pueden interactuar con la comunicación intestino-cerebro-hormonas con procesos relacionados con el estado de ánimo y la respuesta al estrés. Hablar de la conexión cerebro-intestino-vagina permite reunir mecanismos, pero no significa que exista una única cadena causal demostrada para todos los síntomas. Tampoco permite atribuir cualquier molestia vaginal o emocional a una alteración intestinal.



En la experiencia cotidiana, estas conexiones también incluyen la respuesta al dolor. Si las relaciones resultan molestas repetidamente, puede aparecer temor a que vuelva a ocurrir. Esa anticipación puede aumentar la tensión del suelo pélvico y dificultar la respuesta sexual, sumándose a los cambios físicos del tejido vaginal.



"Que el cerebro participe en la respuesta al dolor no significa que la molestia sea imaginaria. El dolor es real y puede hacer que la mujer anticipe una experiencia desagradable. Por eso necesitamos atender tanto su causa física como lo que está generando emocionalmente", explica la especialista.



POR QUÉ PUEDE DISMINUIR EL DESEO EN LA MENOPAUSIA


Durante esta etapa, muchas mujeres experimentan una disminución del deseo sexual, aunque no ocurre en todas ni con la misma intensidad. Pueden intervenir los cambios hormonales, la sequedad y el dolor, junto con el cansancio, las alteraciones del sueño, el estrés o el estado de ánimo. La relación de pareja y determinados medicamentos también pueden influir.



Tener menos lubricación no equivale necesariamente a sentir menos deseo, pero las molestias persistentes pueden acabar reduciendo el interés por las relaciones. Sin embargo, no se puede atribuir esa disminución a una alteración concreta de la microbiota. "No todas las mujeres llegan a la consulta por el mismo motivo. Algunas tienen deseo, pero sienten dolor; otras están agotadas, duermen mal o han perdido interés. Escuchar esa diferencia es necesario para decidir qué atención puede ayudarles", afirma Ana Sierra.



Para evitarlo o reducirlo, el tratamiento puede incluir hidratantes vaginales, lubricantes y, cuando estén indicadas, opciones hormonales locales u otras terapias prescritas por un ginecólogo. La fisioterapia del suelo pélvico puede ayudar si existe una alteración muscular, mientras que la atención psicológica o sexológica permite trabajar el miedo al dolor y su repercusión en el deseo o la pareja.



Además una alimentación y los hábitos de vida forman parte del cuidado de la salud digestiva y general, pero no sustituyen el tratamiento de las molestias vaginales; en cuanto a los probióticos, su evidencia sigue siendo limitada y no permite recomendarlos como una solución general para la sequedad, el dolor o la disminución del deseo.



"El objetivo es comprender qué está ocurriendo en cada mujer y coordinar la atención que necesita. La menopausia no obliga a resignarse al dolor, y una disminución del deseo que genera malestar merece ser escuchada y valorada*, concluye Sierra.




europapress