El Indicador Mensual de Actividad Económica (Imacec) de agosto reveló una caída de -1,0% anual, el más bajo desde agosto de 2020, y aterriza fuertemente las expectativas del mercado, el que suponía un escenario negativo, pero no de esa magnitud.
Ante este escenario, el economista del Instituto Libertad, Gustavo Díaz, explicó que la contracción observada por la actividad económica se debió a la evolución de la minería, lo que fue compensado en parte por la mayor producción que se registró en las actividades de servicios y el resto de bienes. Cabe consignar que la serie desestacionalizada disminuyó 0,7% respecto del mes precedente y 2,1% en doce meses, mientras que el mes registró un día hábil adicional en comparación a agosto de 2025.
En contraste, el Imacec no minero presentó un aumento anual de 1,4%, mientras que en términos desestacionalizados creció 0,7% respecto del mes anterior y 0,2% en doce meses.
En líneas generales, el resultado estuvo fuertemente incidido por factores climáticos que afectaron principalmente a la minería y a la industria, pero también se observan cifras débiles en sectores menos expuestos a estos shocks, en un contexto en que la demanda interna permanece fuertemente debilitada, y el escenario externo se percibe más incierto que hace un mes atrás. Con estos antecedentes, el crecimiento económico acumula una variación de -3,6% en lo que va del ejercicio, promediando una caída de 0,4% en el año, y se alejan las estimaciones de alcanzar un dinamismo cercano a 1% este año.
El investigador de Libertad añadió que se observa que en agosto, la actividad minera anotó una caída de -17,4% anual, en particular por la extracción de cobre. En esta caída incidieron menores leyes del mineral, mantenciones y condiciones climáticas adversas. En contraste, el resto de bienes registró un crecimiento de 4,9%, cifra que fue explicada por un aumento en el valor agregado de la generación eléctrica, debido a una mayor disponibilidad de agua. En tanto, la industria registró una variación de 0,3%.
Díaz remarcó que en este contexto “el Imacec de agosto no es un simple accidente estadístico, sino que un balde de agua fría que obliga a redibujar el mapa de navegación para los meses que vienen. La economía entra al próximo trimestre con el viento en contra, despojada del optimismo de junio pasado y está obligada a marchar a paso forzado si es que el objetivo es acelerar el ritmo de crecimiento económico”.
La evolución de la economía en el octavo mes del año confirma que alcanzar un crecimiento de 1% en 2026 se ha vuelto bastante exigente. “Para llegar al 1% se necesitaría una recuperación muy importante durante los últimos meses del año, particularmente de la minería y de la demanda interna”, agregó Díaz.
Más que el dato puntual de agosto, el experto dijo que la preocupación está en que a los shocks de oferta que afectaron a la economía durante el primer semestre se ha agregado una debilidad de la demanda interna, menor inversión y deterioro del mercado laboral. “Parece más consistente trabajar con un crecimiento inferior a 1%, en línea con el rango de 0,25% a 0,75% planteado por el Banco Central en el IPoM de septiembre, y tal vez en la mitad inferior del rango proyectado por el ente rector”, señaló.