Durante años el crédito fue tremendamente procíclico en Chile, es decir, crecía durante las expansiones y se contraía en las desaceleraciones. Desde 2017 dicha correlación se comenzó a debilitar (ver figura 1), en respuesta a cambios normativos y regulatorios, introducidos por la CMF y el Banco Central, que buscaban precisamente aquello.
La pandemia, marcó un punto de inflexión: mientras la actividad se desplomaba el crédito se expandió gracias a garantías estatales, programas Fogape, y provisión de liquidez extraordinarias. Así, el sistema financiero actuó como amortiguador y evitó una crisis mayor.
Después ocurrió lo contrario. La economía chilena comenzó a recuperarse, pero el crédito perdió dinamismo debido a la inflación, altas tasas de interés y el deterioro de la capacidad de pagos y una mayor cautela por parte de la banca, empresas y hogares.
La recesión del primer semestre se encuentra con señales de recuperación del crédito, con una banca sólida, con adecuados niveles de solvencia y liquidez y con un marco regulatorio mas robusto y moderno. El desafío hacia el segundo semestre será expandir el crédito a aquellos proyectos viables, a empresas productivas y hogares y personas en buena posición financiera, para acompañar así también la recuperación del crecimiento y el empleo.
Patricio Jaramillo,
Economista y director de Riesgo Financiero PwC Chile