Si, es cierto, estamos en recesión técnica, lo ha corroborado el Banco Central de Chile en el Informe de Cuentas Nacionales del 2º trimestre de este año. Sabíamos que el PIB del primer trimestre (enero, febrero y marzo) había caído (ajustado) en -0,3% y en este segundo trimestre (abril, mayo junio) volvió a caer, en -0,2%, completando dos trimestres consecutivos, lo que define que estamos en lo que se llama una recesión “técnica”.
A este negativo resultado del PIB, se ha llegado, principalmente, por la caída de la producción minera (-6,4% en 2º trimestre 2026, pero viene cayendo desde el 3er y 4º trimestre 2025 y 1º de 2026 (-5,0%; -6,2%; y -2,9%), mientras que el PIB no minero tuvo resultados positivos por el aumento de los servicios personales y el comercio. Además, todavía está pendiente la expansión de la construcción y del sector industrial manufacturero y que los sectores servicios y comercio tengan crecimientos más cercanos a su tendencia de los últimos 12 meses, como para sentir que la demanda de la economía está expandiéndose y generando una mayor dinámica que aumente el consumo, el empleo y los salarios reales.
En términos del gasto, la recesión se explicaría por la caída de las exportaciones (-2,1%, por menores envíos de bienes, en particular cobre y también por servicios (-5,2% y -1,9% en 1er y 2º trimestre) y no fue mayor por el aumento del consumo total (Hogares+Gobierno), 2,6% y 1,3% en 1er y 2º trimestre.
Todo esto está ocurriendo en nuestro país en un contexto de bajo crecimiento del PIB en los años recientes, alrededor del 2%.
Y ahora qué?. Bueno una recesión técnica como la tenemos no es una catástrofe, solo nos está mostrando, por ahora, que será difícil la recuperación de la dinámica productiva en nuestra economía.
Situación recesiva (técnica) a la que se suma el hecho de que las expectativas empresariales en julio 2026 están bajo la línea positiva, exactamente en 43,62 puntos y con tendencia a la baja (Índice de confianza empresarial, IMCE, de ICARE y la Universidad Adolfo Ibáñez). Resultados que indican que, desde abril pasado, la confianza empresarial muestra valores bajo la línea, reconociendo la existencia de pesimismo en este sector, sobre el devenir económico del país.
Uno puede desear crecer rápidamente, pero sabemos que siempre que se quiera producir más debe aumenta la productividad y, los datos recientes indican que la productividad total de los factores ha estado cayendo últimamente, -0,5% entre 2016 y 2019 y -0,7% entre 2022 y 2025 para toda la economía y ha estado algo mejor, pero negativa, para la economía no-minera (en -0,1% y 0,0%, en ambos períodos. Luego, no bastarán los buenos deseos para que la economía crezca fuertemente, mientras no se aumente la productividad de los factores, tarea pendiente.
La productividad laboral, por su lado, que en los años noventa crecía con fuerza, ha perdido dinamismo en la última década. Entre 2011 y 2024, el crecimiento promedio fue de apenas 0,4% anual, lo que contrasta con el 3,3% registrado en la década de 1990. Esta desaceleración implica que los trabajadores producen menos por hora trabajada, lo que limita la capacidad de aumentar salarios reales y de mejorar el nivel de vida de la población. A nivel sectorial, el comportamiento es heterogéneo. Sectores como electricidad y construcción han registrado avances, mientras que minería, manufactura y comercio han mostrado retrocesos. En el caso de la minería, la caída en la ley del mineral ha encarecido los costos de producción, reduciendo la productividad del sector. La manufactura, por su parte, enfrenta desafíos vinculados a la competencia internacional y a la baja incorporación de tecnologías.
Las perspectivas se vuelven un poco más oscuras si tomamos en cuenta que la política fiscal de este año y seguramente los siguientes, ha sido y será por decisión gubernamental, de reducción del gasto del Estado, lo que reduce la demanda agregada de la economía y claro las perspectivas de ampliación del PIB este año y el próximo. Contracción del gasto que también va de la mano con la reducción paulatina, programada en el macroproyecto aprobado por el parlamento, de impuestos a las empresas desde 27% a 23% en cuatro años, lo que también colabora con un menor gasto fiscal y genera una menor demanda estatal por bienes y servicios en la economía. Se ha estimado que la reducción de los ingresos fiscales por rebaja de impuestos no es, finalmente, compensada por los aumentos de inversión, producción y recaudación fiscal, esperados de esta medida.
Entonces, estar en recesión técnica en estos momentos no es una catástrofe, pero si hace que se mantengan las bajas estimaciones de crecimiento del PIB de este año, que fluctúan alrededor del 1%/1,5% y esperar mejores resultados, en el futuro, con medidas dinamizadoras para esta coyuntura económica.
Víctor Salas Opazo
Departamento de Economía,
Universidad de Santiago de Chile