Sr. Director,
El debate sobre la reforma al Sistema de Admisión Escolar (SAE) no debiera centrarse solo en el algoritmo, sino en una pregunta más profunda: ¿cumplió la política pública los objetivos para los cuales fue creada? Si buscaba fortalecer la equidad, ampliar oportunidades y aumentar la confianza de las familias, los resultados han sido insuficientes.
El SAE eliminó mecanismos de selección, pero no resolvió el problema de fondo: la gran heterogeneidad en la calidad de los establecimientos. Mientras existan colegios altamente demandados y otros percibidos como alternativas de menor calidad, cualquier sistema solo administrará la escasez. Además, excluir el mérito académico y el esfuerzo personal ha fortalecido una percepción de injusticia entre estudiantes y apoderados.
Más que perfeccionar el SAE, corresponde avanzar hacia un nuevo sistema de admisión que combine igualdad de oportunidades, reconocimiento al mérito y respeto por los proyectos educativos. Sin una política que reduzca las brechas de calidad y concilie equidad con excelencia, seguiremos discutiendo el mecanismo, cuando el verdadero desafío es mejorar la educación.
Pablo Muller
Director del Magíster en D. Económico, Social y P. Públicas
Universidad Autónoma