Mujeres en minería: evidencia, confianza y futuro

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La participación femenina en la minería chilena dejó de ser una excepción y se ha consolidado como una referencia internacional. Según el Monitoreo de Indicadores de Género de la Alianza CCM-Eleva, en el segundo semestre de 2025 la presencia de mujeres en la dotación propia de las grandes empresas mineras alcanzó un 24%, superando anticipadamente la meta al 2030 establecida en la Política Nacional Minera 2050. Más relevante aún es que este crecimiento se ha extendido a la operación: de acuerdo con COCHILCO, la presencia de mujeres en funciones vinculadas directamente a la producción minera se duplicó entre 2020 y 2024, pasando de 6% a 13%.


Desde IDIEM, como centro de investigación y desarrollo presente en proyectos de infraestructura minera, hemos podido observar esta evolución desde nuestra experiencia técnica al servicio de la industria. En ámbitos como ingeniería, inspección técnica, control de calidad, ensayos y acompañamiento especializado, la confianza de los mandantes se construye sobre una cultura de evidencia, basada en el manejo responsable de la información, la trazabilidad de datos, registros consistentes, controles de calidad internos y una coordinación efectiva en terreno que contribuye a la continuidad operacional. En ese contexto, la creciente participación de mujeres profesionales fortalece equipos diversos y rigurosos, amplía las miradas disponibles para enfrentar desafíos técnicos y genera referentes para nuevas generaciones de trabajadoras y profesionales en la minería.


Ese aporte, sin embargo, requiere condiciones que permitan sostener y proyectar la participación femenina en el tiempo. Para consolidar este avance, la industria enfrenta el desafío de favorecer la permanencia y el desarrollo profesional de las mujeres en todos los niveles. Aunque los indicadores muestran una evolución positiva, aún persisten espacios de mejora, especialmente en alta dirección, donde la participación femenina alcanzó un 17% en 2024, y en materias vinculadas a conciliación, turnos, infraestructura y condiciones propias del trabajo en faena. En este contexto, resultan clave rutas claras de formación, infraestructura adecuada, gobernanzas corporativas con indicadores medibles y el compromiso de toda la cadena de valor, incluyendo proveedores, empresas de ingeniería, inspección técnica y laboratorios.


La inclusión femenina en el rubro minero ya no se trata de cumplir con una cuota o un número; es una evolución cultural y social que eleva el estándar de la industria, transforma familias y redefine las expectativas de las próximas generaciones.



Por Perla Valdés, Subdirectora de Gestión de IDIEM

europapress