El embrujo de la "tómbola"

|

Luis Riveros ok

La posibilidad de estudiar en un colegio que desee el grupo familiar y el propio estudiante en pos de su futuro, no puede ser algo que dependa del azar. La idea de la “tómbola” como mecanismo de selección de estudiante contribuyó al deterioro de los colegios públicos y al desprestigio del sistema educativo chileno. Es cierto, la selección por antecedentes es algo que discrimina potencialmente contra aquellos que provienen de colegios de baja calidad, tanto en su organización como en cuanto a la docencia que proveen para preparar a sus estudiantes. Y es cierto que los mejores acudirán a los mejores colegios de la enseñanza media, así manteniendo las condiciones distributivas prevalecientes, y proyectándolas intactas hacia el futuro. Pero la solución de la tómbola es una de tipo facilista: posibilita, de acuerdo con su suerte, que estudiantes que vienen de malos colegios básicos accedan a buenos colegios de educación media y mejoren así sus posibilidades de acceder a la educación superior. Una solución justa para estos últimos. Sin embargo, se producirá un deterioro en la calidad de la enseñanza en esos buenos colegios, produciendo desaliente entre profesores y padres.


Habría sido mejor pensar en proveer recursos para elevar la calidad, la organización y los resultados en aquellos colegios que exhibían menor rendimiento. En el lenguaje que se empleó entonces, “ponerle patines” a los más desventajados. Pero, claro, eso tomaba tiempo, un factor del cual no han querido hacerse cargo ni los políticos ni los funcionarios de turno. Una inyección de recursos en pro de la calidad de los colegios habría tomado unos seis años en producir resultados visibles, recursos que de seguro eran, además, significativos. Por eso la solución fue la “tómbola”, porque el resultado era visible en pocos meses: quienes provenían de escuelas de bajo rendimiento y pobre formación se podían incorporar a colegios públicos con mayor renombre y mejores resultados. Lo malo es que eso no sería duradero, como los hechos lo han demostrado con el deterioro significativo de los colegios públicos emblemáticos.


Nadie ha mostrado los resultados del experimento que así se llevó a cabo. No sabemos si efectivamente aquellos alumnos seleccionados por “tómbola” tuvieron mejores resultados que aquello esperables en ausencia de tan singular método de selección. Lo que más probablemente ha ocurrido es que los colegios que seleccionan por tómbola vieron abatido su rendimiento escolar y han visto disminuida su admisión a la educación superior. O sea, no ha cambiado nada en las escuelas de origen y si han deteriorado las posibilidades de los estudiantes de aquellos colegios que eran selectivos por buenas razones. Y las escuelas de origen han quedado en lo de siempre: retrasadas, desalentadas y con escasez de recursos para llevar a cabo cualquier innovación. Alguien sugirió que los Servicios Locales iban a ser un importante apoyo para sacar adelante a las escuelas más rezagadas: la verdad es que ni siquiera se han podido constituir como previsto.


El gran problema que esto pone de relieve es doble. La mirada cortoplacista desde la política; si ella hubiese prevalecido en el pasado, ningún cambio beneficioso para el país habría tenido lugar en educación como fueron las Escuelas Normales, la Escuela de Artes y Oficios y la misma Universidad de Chile. Segundo, existe gran discontinuidad en las iniciativas en educación como ilustra el caso de los Liceos Bicentenario y ahora los SLEPs, as cuales duran sino hasta cuando el ánimo político está encendido. De seguro el embrujo” que causo la tómbola desparecerá en medio de nuevas “soluciones”.


Prof. Luis A. Riveros

Emérito Universidad de Chile

europapress