La Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) ha elaborado una guía clínica dirigida a profesionales sanitarios ante el brote de enfermedad por virus del Ébola causado por la variante Bundibugyo en la República Democrática del Congo, con casos importados en Uganda, tras la declaración de emergencia de salud pública de importancia internacional por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El documento, de carácter dinámico y basado en información del Ministerio de Sanidad, la OMS y la evidencia científica disponible, subraya que el riesgo para España es muy bajo, aunque advierte de la posibilidad de casos importados y enfatiza la importancia del diagnóstico precoz, el aislamiento, el rastreo de contactos y el estricto control de la infección ante la ausencia de vacunas y tratamientos específicos para esta variante.
Así, recuerdan que el sistema sanitario español dispone de protocolos específicos y capacidad asistencial para el manejo de enfermedades infecciosas de alto riesgo. No obstante, "en un contexto de movilidad internacional", puede existir la posibilidad de casos importados, "especialmente ante pacientes con síndrome febril compatible y antecedente reciente de viaje o exposición epidemiológica relevante en los 21 días previos".
"Aunque su letalidad histórica es elevada, no se dispone actualmente de vacunas específicamente autorizadas ni de terapias antivirales con evidencia robusta para esta variante concreta, lo que refuerza la importancia de las medidas clásicas de salud pública: identificación precoz, aislamiento, rastreo de contactos y control estricto de infecciones", advierten.
RECOMENDACIONES PARA ESPECIALISTAS
El documento, que se actualizará en función del cambio de circunstancias epidemiológicas o de la aparición de nuevas evidencias científicas, recuerda que la trasmisión humano-humano se da s través de piel lesionada o membranas mucosas (ojos, nariz, boca) con sangre o fluidos corporales de personas sintomáticas; o fluidos infectantes: Sangre, orina, saliva, sudor, heces, vómito, leche materna, líquido amniótico y semen.
Además de la transmisión post-mortem, ya que los cadáveres son altamente contagiosos, especialmente durante algunas prácticas funerarias tradicionales.
Debe sospechar del virus en pacientes con fiebre igual o superior a 38,6 grados y clínica compatible (cefalea intensa, mialgia, vómitos, diarrea, dolor abdominal o sangrado inexplicado) que, en los 21 días previos, hayan viajado o residido en zonas afectadas de República Democrática del Congo o Uganda, tenido contacto con casos sospechosos o confirmados, con animales salvajes o sus productos en áreas endémicas, participado en rituales funerarios tradicionales o presentado exposición ocupacional en laboratorios o centros sanitarios.
La sospecha se refuerza si se observan leucopenia precoz, linfopenia, trombocitopenia, elevación marcada de transaminasas, alteraciones de la coagulación, trastornos electrolíticos (hipopotasemia, hiponatremia, hipocalcemia) y otros hallazgos como aumento de CK o amilasa, en el contexto de un cuadro que evoluciona desde un síndrome febril inicial a una fase gastrointestinal con pérdidas masivas de líquidos, seguida de posibles complicaciones hemorrágicas y, en los casos más graves, una fase crítica con shock, fallo multiorgánico y manifestaciones neurológicas, con una duración media de la enfermedad en torno a 18 días.
La confirmación diagnóstica se basa en RT-PCR específica en tiempo real como prueba de elección en la fase aguda, complementada con detección de antígeno mediante ELISA y estudios serológicos (IgM e IgG) según el momento evolutivo del cuadro y el tipo de exposición.
El manejo de la infección por virus del ébola (Bundibugyo) exige un alto nivel de protección del personal sanitario, aislamiento estricto del paciente y vigilancia activa de los contactos. Para la atención de pacientes estables sin sangrado, vómitos ni diarrea se recomienda bata desechable resistente a fluidos, protección ocular completa (gafas estancas o pantalla facial), mascarilla desechable y dos pares de guantes desechables con puños extendidos, mientras que en pacientes confirmados o inestables con sangrado, vómitos o diarrea se requiere bata impermeable, mascarilla FFP2, doble guante, calzas y delantal desechable.
La higiene de manos con solución hidroalcohólica debe realizarse antes y después de cada contacto con el paciente y siempre antes de colocarse los guantes y tras retirarlos, manteniendo además precauciones de aislamiento tipo aire dentro de la habitación. Los residuos se gestionarán en contenedores de clase III y el personal de limpieza empleará el mismo nivel de protección y técnica de doble cubo con desinfectantes virucidas.
El paciente debe mantenerse en una habitación individual con baño privado, puerta cerrada en todo momento y un espacio específico para la colocación y retirada segura del EPI. El manejo de contactos incluye la identificación y seguimiento de todos ellos (en torno a 10-15 por caso), con monitorización diaria durante 21 días, toma de temperatura dos veces al día y aislamiento inmediato en habitación individual con baño propio si aparecen síntomas.
Ante una sospecha, las acciones inmediatas pasan por el aislamiento urgente del paciente en habitación individual con baño propio, la notificación sin demora a las autoridades de salud pública, la implantación de precauciones de contacto estrictas, la recogida de muestras de sangre para RT-PCR y la identificación y registro detallado de todos los contactos.