La última tasa de desocupación llegó a 8,9%, con más de 925 mil personas desempleadas. A su vez, la ocupación informal subió a un 26,5% a nivel nacional, llegando en algunas regiones por sobre el 30%.
Sumado a estas preocupantes cifras, emerge también el fenómeno del subempleo -trabajadores sobrecalificados- lo que comienza a ser una señal preocupante en el mercado laboral chileno. En la otra vereda, estudios indican que más de un 11% de trabajadores están subcalificados, es decir, personas que carecen de la formación que su puesto requiere.
Ambos fenómenos tienen un impacto directo en la productividad: se desaprovecha el capital humano formado y, al mismo tiempo, el mercado laboral queda con vacantes sin cubrir por falta de competencias específicas.
El desafío no es solo crear más empleos, sino conectar de mejor manera la formación académica con las necesidades del mercado. Universidades, centros de formación técnica, institutos profesionales y empleadores deben dialogar. Ajustar mallas, anticipar nuevas competencias y fortalecer la reconversión laboral es fundamental. Sin esa articulación, Chile seguirá formando personas para trabajos que no encuentran y dejando empleos disponibles para perfiles que todavía no existen.
Eduardo Marín, gerente general de Trabajando.com