Cobardía anti-universidad

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Luis Riveros ok

“Cuando en la universidad se impone la fuerza, deja de ser universidad; se transforma en un recinto ocupado, donde fracasa la inteligencia y triunfa la violencia” Jorge Millas, ex Decano - Universidad Austral de Chile.


La Universidad Austral de Chile tiene hoy alrededor de 20.000 estudiantes en sus diversas Facultades y Sedes. La desafortunada acción llevada a cabo por un centenar de ellos ha sido causa de una pérdida de prestigio para todos los demás, un verdadero estigma sobre su futuro profesional como también para la institución que les ha formado. Seguramente, la participación de estudiantes en la elección de las directivas asociadas no fue altamente significativa, pero eso ha conllevado, como en muchos otros casos, que una minoría se arrogue la representatividad de todos. En este caso, han dañado también el nombre de la Universidad, cosa que no defendió apropiadamente el Rector ni tampoco el Directorio Académico que respaldó su accionar durante la mencionada protesta. Sin duda alguna la Universidad debió haber manejado la situación con mayor discernimiento, por tratarse la víctima de un rapto y de ataques físicos, una mujer, mapuche, ministra de Estado y además una persona originada en la educación pública. Seguramente la Universidad no convocó previamente a ningún debate sobre los problemas reclamados, cuyo fondo es innegablemente válido e importante pero, en su forma, se llevó a cabo como un acto anti universitario.


Es cierto, hay preocupación por el tema becas doctorales y pos doctorales, especialmente frente al desolador panorama de las finanzas públicas. No cabe duda que entre los estudiantes que encabezaron las violentas manifestaciones contra la Ministra había pocos, si alguno, con posible futuro doctoral en alguna disciplina. Tampoco sabemos si acaso la Universidad Austral convocó a una reflexión académica sobre este tema, con propuestas que significaran una ayuda para la autoridad y construyera un diálogo posible durante su visita. En realidad, parece ser que la visita de la Ministra (a inaugurar el año académico, en forma contradictoria con el actuar del grupo de estudiantes) no fue utilizada como una instancia para dialogar sobre los temas de fondo que deben interesar a la Universidad, especialmente dada su precaria situación financiera. O sea, como jornada inaugural del año académico, y además de la violencia que rodeó al episodio, todo fue un significativo fracaso. Y, sorprendentemente, todo es fue posteriormente respaldado por la máxima instancia del gobierno corporativo.


No es nada nuevo el actuar del grupo de estudiantes que encerraron a la Ministra y posteriormente la agredieron físicamente. Esto se ha repetido en otras instituciones a lo largo del tiempo, cuando la protesta –legítima como puede ser – se transforma en agresión y descalificación. Y con ello se desprestigia el propio movimiento estudiantil envolviendo, como se ha dicho más arriba, a todos los estudiantes de la institución. Con ello, las propias dirigencias estudiantiles pierden representatividad y, como ya ha sucedido en otras instituciones, lleva a la organización estudiantil a una abierta irrelevancia y falta de apoyo en sus bases. Esta actitud de las dirigencias es un abierto intento de criminalizar a los estudiantes por parte de sus directivas, haciéndolos los ejecutores de ilícitos universitarios y delitos comunes.


Las universidades no pueden permitir que se imponga la lógica de la violencia en sus aulas. La universidad debe ser el espacio para el debate de ideas, no para las descalificaciones, los gritos, los golpes y las agresiones. Mal ejemplo han dado esos estudiantes al resto de la sociedad que espera que de la institución universitaria surja una actitud de respeto, tolerancia y dominio de las ideas, colaborando así a superar sus tribulaciones actuales.


Prof. Luis A. Riveros

Emérito Universidad de Chile

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