​Ciudades inteligentes

|

Vivian Modak (4)

Hace pocos días se dio a conocer el Índice de Ciudades Inteligentes 2026, elaborado por el Centro de Competitividad Mundial del IMD, donde Santiago ocupó el lugar número 120 de un total de 148, la urbe de América Latina mejor ranqueada. El estudio ubica en los tres primeros lugares a Zúrich, Oslo y Ginebra, que destacan por la eficacia con la que alinean las estructuras de gobernanza, las prioridades de sostenibilidad, las decisiones de inversión pública y el fomento de la confianza ciudadana.


El concepto de “Ciudad Inteligente”, o Smart City, corresponde a aquella que logra un adecuado equilibrio entre: dinamismo económico (incluidos el empleo y la actividad empresarial), la tecnología aplicada, la protección del medio ambiente y la inclusión, todo ello en con el objeto de proveer de una alta calidad de vida a sus habitantes.


El análisis contempla aspectos económicos y tecnológicos en las ciudades, como también sus dimensiones humanas, los que son recopilados en base a encuestas que se aplican anualmente a aproximadamente 120 residentes en cada ciudad evaluada. Así, el sondeo registra la percepción de los ciudadanos sobre los servicios y, en particular, si la tecnología ayuda a abordar los desafíos que enfrentan en la vida cotidiana.


Esta investigación revela que el desempeño urbano de una ciudad y la calidad de vida de sus habitantes depende -más que de su sofisticación tecnológica-, del adecuado vínculo entre las instituciones planificadoras (en el caso de Chile: municipios, Gobiernos regionales, ministerios sectoriales) y los residentes de la misma, con el objetivo de construir la confianza necesaria para que las políticas públicas sean las adecuadas para atraer el talento, el capital y la creatividad que permitan impulsar el crecimiento y la prosperidad. Es decir, una “Ciudad Inteligente" no es aquella que tiene éxito por su permanente innovación tecnológica, sino aquella que alinea las prioridades de las políticas públicas, el desarrollo tecnológico y las expectativas de las personas. 


Más aún, muestra que las metrópolis mejor ubicadas en el ranking no son las más tecnologizadas, sino aquellas donde las infraestructuras existentes aseguran la provisión adecuada de los servicios y el conocimiento de los ciudadanos de cómo utilizarlos adecuadamente.


Para el caso de Santiago, el estudio señala que las cinco áreas prioritarias a desarrollar son: seguridad, servicios de salud, viviendas asequibles, corrupción y desempleo. Por otra parte, da a conocer que los capitalinos consideran que la implementación de tecnología - especialmente en los sistemas de pago e información del transporte público-, les han generado confianza, lo que los ha llevado a una mayor utilización del mismo. Este elemento es relevante para las políticas públicas que debieran tender a la priorización de este sistema de transporte, por sobre el vehículo particular, más aún cuando se registra un alza relevante en el precio de las gasolinas y el aumento permanente de los niveles de congestión.


Como vemos, Santiago tiene buenos resultados respecto a la región, pero se requiere aún más y la alianza público-privada es fundamental para acortar brechas y hacer que la gran mayoría de sus habitantes consiga la tan anhelada calidad de vida. 


Vivian Modak

Consejera

Consejo de Políticas de Infraestructura (CPI)

europapress