|
Vivian Modak |
Está demostrado que la infraestructura pública genera desarrollo y equidad social. Hasta hace pocas décadas, en nuestro país la planificación, construcción y operación de obras para dar servicios públicos eran abordadas, esencialmente, por hombres. Sin embargo, las mujeres han ido lenta -pero con mucha fuerza-, ingresando a esta industria históricamente masculinizada.
A tres décadas de la implementación del sistema de concesiones de infraestructura pública en Chile, aún sigue dando vueltas la necesidad de valoración de este modelo por parte de las personas y el impacto que han tenido grandes obras que, sin duda, mejoran la calidad de vida.
Terremotos, aluviones e incendios son algunos de los eventos catastróficos a los que una y otra vez nos hemos visto enfrentados como país y que, con certeza, seguirán ocurriendo. Entonces, ¿por qué sólo centrarnos en procesos de reconstrucción y reparación luego de ocurrido el desastre? El objetivo debería ser invertir para prevenir la interrupción de servicios básicos y de la cadena productiva, con el consecuente deterioro en la calidad de vida de las personas.