Un clave desafío

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Luis Riveros ok

Existen dos grandes males asociados a resultados económicos: inflación y desempleo. Si se revisa la historia económica, ambos fenómenos aparecen como una sombra que afecta agudamente a la población, subyace a muchas protestas y afecta al normal desempeño de las propias variables económicas. La inflación carcome el ingreso real de las familias, disminuyendo su poder adquisitivo y generando una sensación de inseguridad que puede llevar a consecuencias graves como el sobreendeudamiento o, derechamente, la caída de su capital y en calidad de vida. El desempleo, por su parte, es también determinante de una caída en el ingreso personal y familiar y conduce a un desmejoramiento en las condiciones de vida además de causar un deterioro en el capital humano y en el ámbito sicológico. Son dos situaciones que no necesariamente se dan en forma simultánea, aunque a veces lo hacen constituyendo un factor que provoca un destructivo impacto social y económico.


Durante el siglo XX Chile vivió ambas situaciones en forma determinante. La inflación fue un fenómeno recurrente, que requirió incluso algunas acciones de contención en presencia de crisis como la financiera de los años treinta, las derivadas de la guerra mundial o la expansión monetaria sin sustento real de comienzos de los años setenta. El desempleo hizo estragos precisamente como resultado de crisis financieras, pero también producto del ajuste que requería la economía para contener una hiperinflación. A partir de estas experiencias surgieron dos lecciones de fundamental trascendencia que el país no puede olvidar. En primer lugar, la necesidad de mantener prudencia en materia monetaria, tarea ahora entregada al Banco Central de Chile, puesto que de ella dependerá la necesidad de mantener el gasto alineado con el ingreso. Lo segundo se refiere a la importancia clave de mantener un crecimiento económico suficiente para crear empleo, lo cual requiere atender las condiciones necesarias para promover la inversión.


En estos días el amenazante fantasma de inflación y desempleo reaparece nuevamente. El negativo impacto multiplicador del alza de los precios del petróleo se hace presente, puesto que se proyecta a los costos de producción y transporte de los bienes y servicios. El programa que permitía aminorar el impacto negativo del precio internacional del petróleo, que operaba a través de un fondo consultado en el presupuesto del Estado ya no está disponible por la debilitada situación en que han quedado las finanzas públicas. O sea, este será un shock importante sobre el presupuesto familiar, que se espera sea de sólo una sola vez. El problema más severo a atender se refiere a la combinación de este aumento en el costo de vida, junto a un desempleo que aún se mantiene relativamente alto, especialmente en el caso de las mujeres. A esto se debería agregar el impacto en la población subempleada, cuyos ingresos resentirán en forma notoria el impacto del alza del costo de vida.


Las luces esperanzadoras cuesta percibirlas en medio de la tormenta. En gran parte, ellas radican en el reordenamiento del gasto público, la focalización de los recursos en la población más necesitada y el despegue de la inversión estimulada por medidas fiscales y un ambiente económico y político que acentúe el progreso y la mirada positiva hacia el futuro. Eso constituye el grave desafío que enfrenta Chile.


Prof. Luis A. Riveros

Emérito Universidad de Chile

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