Hace más de diez años Chile impulsó los sellos negros en alimentos, una buena política pública que fortaleció el derecho a elegir informado. Hoy cabe preguntar: ¿y los servicios profesionales deberían también transparentar sus “sellos”, verdes o negros? La elección de servicios suele basarse en la marca, que genera estatus y la sensación de que “el precio lo vale”, pero detrás existen realidades poco visibles: ambientes tóxicos, horas excesivas como sinónimo de compromiso, liderazgos que frenan la meritocracia. Esos serían sellos negros. Los verdes, en cambio, están en la satisfacción de exempleados, la experiencia real de los clientes o el aporte genuino a la comunidad.
Mi profesión lo refleja: desde las escuelas se señala a las grandes firmas como destino ideal. Tras 18 años en dos de ellas, veo que también podrían transparentar sus propios sellos. En mi firma actual, número 5 global, he visto estándares europeos y un propósito genuino por el “trabajo decente”, como exige el ODS 8. Liderazgos que declaran “nadie nos cuida, todos nos cuidamos” muestran la dualidad entre protección y abandono. El desafío es avanzar hacia “todos nos cuidamos” y quitar sesgos que dañan relaciones laborales.
Hoy la marca no basta. Importa quiénes son las personas detrás, la reputación de los líderes y el impacto social real. Ser el mejor no es solo llevar la camiseta, sino mostrar quejas, transparentar decisiones y actuar con justicia. Incluso sería valioso un sistema de sellos verdes y negros para servicios, basado en estándares como SASB y asegurado bajo NTA 3000(R). Nuestros hijos elegirán organizaciones que generen impactos reales y cuiden a las personas, no solo negocios que vivan de la herencia de su nombre.
Gonzalo Gutiérrez,
Director de Auditoría en BDO Chile