Las redes de trabajo interorganizacionales se han convertido en un elemento cada vez más relevante y común en el entorno actual. Estas redes representan muchas veces relaciones horizontales entre organizaciones que se respaldan mutuamente, sin que ninguna de ellas tenga la capacidad de imponer acciones comunes a las demás. Esta modalidad de trabajo se manifiesta de diversas formas y está adquiriendo una importancia creciente también en la esfera de la administración del estado. En el sector público, una red implica un conjunto seleccionado, persistente y estructurado de organizaciones autónomas que colaboran en la producción de bienes y servicios públicos, basándose en contratos implÃcitos y abiertos para adaptarse a las contingencias del entorno y coordinar los intercambios de manera eficaz.
Las redes de trabajo se perciben como una combinación entre los mercados y las jerarquÃas, y suelen clasificarse en un continuo que va desde los cuasi-mercados hasta las cuasi-jerarquÃas. En cualquier caso, las redes son estructuras de interdependencia que implican a múltiples organizaciones o partes, donde cada unidad no está subordinada formalmente a las demás en una jerarquÃa, aunque puedan exhibir cierto grado de estabilidad estructural y extenderse más allá de las tareas inicialmente establecidas. Las redes de trabajo interorganizacionales se caracterizan entonces, por ser espacios de diálogo, cooperación y coordinación entre distintos actores. A través de la articulación de esfuerzos y recursos, se logra potenciar las capacidades de cada una de las organizaciones participantes, generando sinergias que favorecen el diseño, la implementación de polÃticas públicas y la ejecución de proyectos de interés común.
Un ejemplo claro de esto son las relaciones entre el gobierno central, los gobiernos regionales y gobiernos locales, las que incluso pueden extenderse hacia el sector privado u organizaciones sin fines de lucro, con el fin de implementar polÃticas públicas de manera más efectiva, eficaz y eficiente. Los Gobiernos Regionales, dada su estructura normativa (Ley 21.074) y las limitaciones que esta les impone, han promovido y encontrado en las redes de trabajo una oportunidad para influir y fortalecer su rol como entidades descentralizadas y con ello promover y colaborar al desarrollo territorial de manera integral. A la colaboración público -privada, han incorporado también con éxito la participación de la sociedad civil permitiéndoles no sólo identificar y priorizar las necesidades de cada región, sino que también legitimar o sustentar las diversas polÃticas y acciones.
Considerando que el presupuesto anual 2024 de los gobiernos regionales es de MM de $1.765.548 de los cuales el 93% se destina a inversión regional, conseguir polÃticas armónicas y consensuadas requiere renunciar a la soberbia de las jerarquÃas y exponer los desafÃos y objetivos de las distintas acciones al escrutinio de una cada vez más amplia red de actores potencialmente involucrados, capaces de actuar colaborativamente sin otro fin más que la búsqueda del bien común, la transparencia y el fortalecimiento de la gobernanza y la democracia.
Américo Ibarra Lara
Director Observatorio en PolÃtica Pública del Territorio
Facultad de Arquitectura y Ambiente Construido
Universidad de Santiago de Chile