La opinión generalizada de que las cuasipartÃculas son exclusivas de la materia cuántica ha sido cuestionada por un equipo liderado por investigadores del UNIST, en Corea del Sur.
Muchos sólidos o lÃquidos están compuestos por partÃculas que interactúan entre sà a corta distancia, lo que a veces da lugar a la aparición de "cuasipartÃculas". Las cuasipartÃculas son excitaciones de larga duración que se comportan efectivamente como partÃculas que interactúan débilmente. La idea de las cuasipartÃculas fue introducida por el fÃsico soviético Lev Landau en 1941, y desde entonces ha sido muy fructÃfera en la investigación de la materia cuántica.
Algunos ejemplos de cuasipartÃculas son las cuasipartÃculas de Bogoliubov (es decir, los "pares de Cooper rotos") en superconductividad, los excitones en semiconductores y los fonones.
El examen de los fenómenos colectivos emergentes en términos de cuasipartÃculas permitió comprender una gran variedad de entornos fÃsicos, sobre todo en superconductividad y superfluidez, y recientemente en el famoso ejemplo de las cuasipartÃculas de Dirac en el grafeno. Pero hasta ahora, la observación y el uso de las cuasipartÃculas se han limitado a la fÃsica cuántica: en la materia condensada clásica la tasa de colisión suele ser demasiado alta para permitir excitaciones tipo partÃcula de larga duración.
En el nuevo estudio, los cientÃficos examinaron un sistema clásico formado por micropartÃculas impulsadas por un flujo viscoso en un delgado canal microfluÃdico. Al ser arrastradas por el flujo, las partÃculas perturban las lÃneas de corriente que las rodean, ejerciendo asà fuerzas hidrodinámicas unas sobre otras.
Sorprendentemente, los investigadores descubrieron que estas fuerzas de largo alcance hacen que las partÃculas se organicen en pares. Esto se debe a que la interacción hidrodinámica rompe la tercera ley de Newton, que establece que las fuerzas entre dos partÃculas deben ser iguales en magnitud y opuestas en dirección. En cambio, las fuerzas son "antinewtonianas" porque son iguales y en la misma dirección, lo que estabiliza el par, informa el UNIST en un comunicado.
La gran cantidad de partÃculas acopladas por pares indicaba que se trataba de excitaciones elementales de larga vida en el sistema, sus cuasipartÃculas. Esta hipótesis se demostró acertada cuando los investigadores simularon un gran cristal bidimensional formado por miles de partÃculas y examinaron su movimiento. Las fuerzas hidrodinámicas entre las partÃculas hacen vibrar el cristal, de forma muy parecida a los fonones térmicos de un cuerpo sólido en vibración.
Estas cuasipartÃculas de pares se propagan por el cristal, estimulando la creación de otros pares mediante una reacción en cadena. Las cuasipartÃculas viajan más rápido que la velocidad de los fonones, por lo que cada par deja tras de sà una avalancha de pares recién formados, igual que el cono de Mach que se genera tras un avión supersónico. Por último, todos esos pares chocan entre sÃ, lo que acaba provocando la fusión del cristal.
La fusión inducida por pares se observa en todas las simetrÃas de cristal excepto en un caso particular: el cristal hexagonal. AquÃ, la simetrÃa triple de la interacción hidrodinámica coincide con la simetrÃa cristalina y, como resultado, las excitaciones elementales son fonones de baja frecuencia extremadamente lentos (y no pares como es habitual). En el espectro se observa una "banda plana" donde se condensan estos fonones ultralentos. La interacción entre los fonones de la banda plana es altamente colectiva y correlacionada, lo que se manifiesta en la transición de fusión, mucho más aguda y de clase diferente.
En particular, al analizar el espectro de los fonones, los investigadores identificaron estructuras cónicas tÃpicas de las cuasipartÃculas de Dirac, al igual que la estructura encontrada en el espectro electrónico del grafeno. En el caso del cristal hidrodinámico, las cuasipartÃculas de Dirac son simplemente pares de partÃculas, que se forman gracias a la interacción "antinewtoniana" mediada por el flujo. Esto demuestra que el sistema puede servir como análogo clásico de las partÃculas descubiertas en el grafeno.
"Este trabajo es la primera demostración de que los conceptos fundamentales de la materia cuántica, en particular las cuasipartÃculas y las bandas planas, pueden ayudarnos a comprender la fÃsica de muchos cuerpos de los sistemas disipativos clásicos", explica el catedrático Tsvi Tlusty, uno de los autores del artÃculo.
"En conjunto, estos hallazgos sugieren que otros fenómenos colectivos emergentes que hasta ahora sólo se habÃan medido en sistemas cuánticos podrÃan revelarse en diversos entornos disipativos clásicos, como la materia activa y viva", afirma Hyuk Kyu Pak, uno de los autores correspondientes del artÃculo.
Sus hallazgos se han publicado en Nature Physics.