Neuroderechos, exploración espacial y otros desarrollos tecnológicos, un tema de ética y política

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Hector CasanuevaHay avances científicos y tecnológicos que merecen toda la atención desde la ética y la política, y deben ser objeto de análisis y medidas regulatorias, para orientar, encauzar y anticipar, asegurándonos de que van en beneficio de las personas. Esto, más allá de las buenas intenciones de quienes desarrollan estas innovaciones.

No se puede detener el desarrollo tecnológico, ni tampoco se debe intentar hacerlo. Los avances científicos, el despliegue ya exponencial de la Inteligencia Artificial, la biotecnología, la genética, la computación y en general la singularidad tecnológica, son una buena noticia para la humanidad, que día a día se sorprende con nuevos hitos aplicados a la medicina, el envejecimiento, la exploración espacial, las comunicaciones, la producción de bienes y servicios, las transacciones financieras, la gestión de las ciudades, la seguridad humana, la agricultura digital, la seguridad alimentaria y tantas otras aplicaciones beneficiosas.

La creación en tiempo récord de las vacunas contra el SARS-CoV-2 (10 meses en lugar de 10 años) gracias a estos adelantos, y también, por cierto, a la concertación de más de cien laboratorios y centros de investigación en el mundo, es un claro ejemplo de cómo la aceleración tecnológica trae beneficios globales.

Por ejemplo, el rápido avance de la investigación en la interconexión cerebro-computadora, que tiene la potencialidad de traspasar información, órdenes y hasta pensamientos a una computadora. Superada la etapa de los experimentos con animales, la empresa Neuralink, de Elon Musk, anuncia estar preparada para realizar una conexión con humanos antes de final de año. En una decisión pionera, primera en el mundo, el Senado de Chile ha aprobado una reforma constitucional impulsada por el senador Girardi y la Comisión de Desafíos del Futuro, para la protección de los Neuroderechos, materia que internacionalmente ha sido relievada por el científico español Rafael Yuste, impulsor en estados Unidos del “Human Brain Project”. Yuste ha colaborado con la iniciativa chilena. Esta línea de desarrollo de la IA, la neurociencia, traerá sin duda en el mediano o largo plazo un alivio para enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson, y para las consecuencias de problemas neurológicos, paraplegia, etc. Pero no cabe duda de que podría también emplearse para la manipulación de las mentes, el robo de conocimientos y otros atentados a la privacidad y la intimidad.

El propio Musk se propone también, en otra área, colocar treinta mil satélites para llevar internet a toda la tierra. Los beneficios en cobertura de internet para los lugares sin acceso serán enormes. Pero los satélites que ya están en operación, están creando una enorme contaminación en el espacio pues son reflectantes y alteran la investigación astronómica, especialmente desde los cielos de Chile y otros lugares del planeta, aptos para el emplazamiento de los observatorios. Una debida regulación en lo que ha sido exigido por los científicos chilenos, que tendría que ser tomada en cuenta, sería que la autorización de su emplazamiento e interacción con suelo chilenos, esté condicionada a que los satélites, todos, estén revestidos de pintura no reflectante.

Otro tema, es la exploración de los cuerpos celestes próximos, como la Luna y Marte, con fines económicos, extractivos, en busca y explotación de las materias raras y minerales para las aplicaciones digitales en nuevos productos y servicios. El acelerado proceso en el que están involucrados Estados Unidos, China, los Emiratos, y privados como SpaceX, han dejado obsoleto el derecho espacial vigente, hay muchas interrogantes y riesgos emergentes, incluída la potencialidad de conflictos derivados del choque de intereses entre las potencias, o la regulación de la actividad privada en el espacio.

Riesgos hay muchos en medicina, pero también en el comercio internacional, la impresión 3-D y 4-D para usos no pacíficos, o de las cadenas blockchain para actividades ilícitas. El director general del Millennium Project, Jerome Glenn alerta acerca del paso de la Inteligencia Artificial Estrecha a la Inteligencia Artificial General, haciendo notar la ausencia de un consenso global, mencionando asimismo las advertencias de hace ya unos años de Stephen Hawking o de Bill Gates acerca de la potencialidad negativa de su desarrollo sin un marco normativo consensuado. Desde el Consejo Chileno de Prospectiva y Estrategia los especialistas Pedro Huichalaf y Victoria Valdivia han hecho también hincapié en estos temas, así como en la proyección social de los avances tecnológicos, el 5G por ejemplo.

La moneda de la transición digital tiene dos caras, y no debemos ver solo el rostro amable y auspicioso. La ética y la política tienen mucho que ver en esto. Corresponde a los responsables políticos en los gobiernos y parlamentos nacionales, y a los líderes de los organismos multilaterales, prever, anticipar y reducir los riesgos que implican estos desarrollos para el bienestar de las personas. La prospectiva estratégica en las políticas públicas es una necesidad que con la pandemia ha quedado aún más en evidencia, y es un instrumento válido para articular políticas nacionales e internacionales que le den un marco a todos estos avances.


Héctor Casanueva

Vicepresidente del Consejo Chileno de Prospectiva y Estrategia. Miembro del Comité de Planificación del Millennium Project Global Futures Studies & Research. Profesor-Investigador del IELAT de la Universidad de Alcalá, España, y de las universidades Nacional de Estudios Políticos y Administrativos de Rumanía, y de la Universidad Miguel de Cervantes, Chile. Ex embajador ante la OMC.