La presidenta de la Corte Suprema, Gloria Ana Chevesich Ruiz, destacó el rol del derecho en la justicia social en una nueva ceremonia de juramento de abogados y abogadas en el máximo tribunal del país.
La magistrada recordó que los abogados, como intérpretes de las leyes, deben velar por mantener la relación entre la justicia y la labor jurisdiccional que desarrollan los tribunales de justicia.
“Los tribunales son uno de los mecanismos institucionales a través de los cuales la sociedad procura hacer efectivos los derechos que sustentan la justicia social. Cuando un tribunal protege el derecho a la igualdad ante la ley, sanciona actos discriminatorios o asegura el acceso a prestaciones básicas reconocidas jurídicamente, está contribuyendo —dentro de su competencia— a la realización concreta de ideales de justicia social, permitiendo un reequilibrio de aquello que la injusticia ha roto, porque la existencia de un sistema que administra justicia, nos recuerda que el mal existe y que la justicia es humana y se puede reparar o compensar”, dijo la ministra. Añadiendo que “el vínculo tiene límites claros. Los jueces no pueden sustituir al legislador ni rediseñar políticas públicas según su propia concepción de lo socialmente justo; su tarea es interpretar y aplicar el marco normativo existente. Pero dentro de ese marco, la interpretación constitucional, el control de legalidad y la tutela de derechos fundamentales permiten que los tribunales operen como garantes frente a desigualdades arbitrarias o abusos de poder. Así, la justicia judicial no crea por sí sola la justicia social, pero sí puede consolidarla, protegerla y, en ocasiones, impulsarla cuando asegura que las promesas normativas de igualdad y dignidad no queden en el plano meramente declarativo”.
“La justicia social no se construye únicamente a través de grandes reformas estructurales; también se edifica en la cotidianeidad del ejercicio profesional responsable. Se fortalece cuando el abogado actúa con probidad, cuando evita instrumentalizar el proceso, cuando comprende que el Derecho no es un arma para perpetuar desigualdades, sino una herramienta para encauzar conflictos y proteger dignidades”, dijo la magistrada.
Agregó: “Queridas y queridos nuevos colegas: comienzan hoy un camino exigente. La sociedad deposita en ustedes la confianza de que ejercerán su profesión con excelencia técnica, pero también con sensibilidad frente a las realidades humanas que subyacen a cada causa. La justicia que administran los tribunales requiere de abogados y abogadas conscientes de que su trabajo no termina en la obtención de una sentencia favorable, sino que se proyecta en el fortalecimiento del Estado de Derecho y en la promoción de una convivencia más justa”