Retiros

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Javier Fuenzalida A

En agosto pasado se produjo el primer retiro de las cuentas individuales en las AFP. 10 millones de afiliados de un total de 11 millones, prácticamente todos, retiraron US $ 17.770 millones. En el segundo, en diciembre, 10,5 millones retiraron us $ 719.596 millones, en total us $ 37.366 millones.


El único argumento de los políticos en contra de los retiros es un eventual efecto negativo que incidirían en menores pensiones futuras. Inicialmente, en 1981, se fijó una cotización del 10 % que, ininterrumpidas durante la vida laboral de 30 a 35 años, producirían una pensión igual al 80 % de la última renta del cotizante (tasa de reemplazo). Sin embargo, hoy bajo esas mismas condiciones dicha tasa es del orden del 40 % y con estos retiros podría caer más aun. Ello supone que las platas de los retiros se han destinado principal o totalmente a gastos en consumo, lo que es inexacto.


Mucha demagogia se ha hecho culpándose a las AFP, en circunstancias que el manejo de las inversiones de las cuentas individuales ha sido uno de sus mayores logros, junto con una reducción paulatina de la tasa de comisión, no muy diferente a la que cobran los administradores de fondos mutuos, fondos de inversión y otras instituciones captadoras de ahorros, entre ellas el Banco Estado.


En los años 80, la esperanza de vida de la población era de 69 años. Si una persona se pensionaba cuando cumplía 60/65 años, el fondo capitalizado generaría durante 5 a 10 años de sobrevivencia una pensión que era equivalente al 80 % de su remuneración pre jubilación, la tasa de reemplazo. Nadie se preocupó del cambio demográfico experimentado por el país durante estos 41 años. Hoy la esperanza de vida es de 78/80 años y es eso lo que explica la caída de la tasa de reemplazo dado que las cotizaciones siguen siendo del 10 % y la vida laboral de 35 años. Esta ignorancia demográfica ha creado enemigos que abogan por una vuelta al sistema de reparto fracasado en todos los países que aún lo mantienen.


El proyecto de reforma propone a aumentar la tasa de cotización del 10 a 16 % pero tan solo 2 a 3 puntos porcentuales irán para la cuenta individual y el resto a un fondo de reparto, a pesar de que cerca del 60 % lo quiere en su propia cuenta para restablecer las condiciones iniciales de la tasa de reemplazo de 80 %. Tampoco se ha resuelto el caso de las lagunas de cotizaciones como así mismo la falta de cotización de los trabajadores por cuenta propia.


Es más fácil demagógicamente promover el fin del sistema. Sin embargo, los dos primeros retiros de agosto y diciembre pasados han revelado hechos importantes que los políticos de todos los colores insisten en ignorar.


Primero, los cotizantes han comprobado y valorado la existencia de la propiedad de la cuenta individual y que el dinero está ahí contrariamente a lo predicado por los enemigos del sistema. En junio del 2020 el 56 % sabía que el dinero era suyo y subió al 86 % cuando se anunció el primer retiro.


Segundo, el destino de los retiros. Se dijo, y la prensa hizo eco, que los retiros han ido a parar al comercio, mostrando imágenes de gente saliendo con un TV monstruoso, compras de autos, notebooks y otros bienes. Sin embargo, los índices de ventas del comercio en los meses siguientes a agosto del 2020 y diciembre del mismo año, que no acusan una explosión de ventas.


Otros sostienen que los fondos se fugaron del país. US $39.000 millones habrían causado un alza inusitada en el tipo de cambios. La realidad ha sido lo contrario, el precio del dólar ha tendido a disminuir y no a aumentar.


Es lamentable que el ministro de hacienda y el presidente del Banco Central no destacaran estos hechos en sus intervenciones ante el parlamento y sus indicadores están publicados en el boletín mensual del Banco Central. El temor a los números ya invade hasta los técnicos.


¿Dónde está la plata? ¿Debajo del colchón?


Las últimas encuestas sobre el tema indica que el 67 % de los fondos han sido invertidos en otros activos financieros e inmuebles, otra parte a pagar deudas y uno menor parte a gastos de consumo. No ha existido la tal farra consumista.


¿Por qué razón?


No+AFP’s gritaron a toda voz que eran una estafa, un robo, que son caras, que se han quedado con la plata, hechos todos desmentidos por las estadísticas de la Superintendencia de Pensiones y los cotizantes lo han podido constatar cuando solicitan sus respectivos retiros. La plata estaba ahí y con muy buena rentabilidad. Indicadores que también han estado ausentes en el debate. El silencio en que el gobierno también ha caído lo hace cómplice mudo de la guerra para volver al sistema de reparto y han aceptado que los aumentos de las cotizaciones ingresen a un fondo común administrado por el estado que normalmente hace malos negocios.


Es por ello que los cotizantes tienen el justo temor al populismo legal promovido por los políticos y que pueda terminar como el caso argentino, cuando la Fernández en 2008, simplemente estatizó el sistema y los fondos de las cuentas individuales fueron expropiados en favor del estado sin compensación alguna. De ahí que una gran parte de los dos retiros haya ido a parar a otro tipo de inversiones lejos de los zarpazos del estado.


Estos equivalen a un 12 % del PIB, pero no han generado ningún impacto macro porque ha habido una simple sustitución de activos financieros desde las cuentas individuales hacia otros activos como los fondos de inversión, fondos mutuos, depósitos a plazo y acciones. Según el Boletín mensual del Banco Central, los depósitos de ahorro en la banca crecieron en 32 % en el último semestre y los APV en las AFP en 60 %. La bolsa muestra, en medio de esta recesión, un IPSA que ha crecido en 33 % en los últimos doce meses y 19 % desde el 2 de enero, en tanto los créditos de consumo cayeron en 5 % en igual período.


Los hechos reales indicados no han sido del gusto de los políticos, enemigos de los números, prefieren la vacía la retórica discursiva. De ahí parte de su descrédito. Sorprende también el silencio de los técnicos del gobierno y académicos, pecado en que también han caído el propio ministro de hacienda y sus asesores como también el directorio del Banco Central.



Javier Fuenzalida A.

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