​Una Herencia Verdadera

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El concepto de herencia se aplica en varios aspectos y en diferentes contextos de nuestras vidas, por ejemplo, en ocasiones nos referimos a la herencia cultural de un país o etnia, o a la herencia genética que se traspasa de los padres a los hijos y que define ciertas características físicas o sicológicas, también hablamos de una herencia económica o nos referimos a la herencia de valores y principios que predominan en una familia o grupo social, entre otros.

En términos económicos se refiere a un conjunto de bienes, derechos y obligaciones que se transmiten desde una persona o causante, a sus herederos o beneficiarios; esto ocurre generalmente cuando el causante o dueño del patrimonio muere y deja su legado a su sucesión.

De una u otra forma, incluso sin proponérnoslo, todos heredaremos algo a nuestros descendientes, expresado en bienes, costumbres, dinero, principios, carácter, ejemplos de vida, etc.

Dado lo anterior, creo que es aconsejable meditar en qué es lo que heredaremos a nuestros hijos y a los más jóvenes de nuestro país, por qué aspecto de nuestra vida seremos recordados, cuál será el legado que esta generación de padres y abuelos les dejaremos a los que vienen después de nosotros.

Debemos pensar si estaremos en paz cuando nos toque partir, sabiendo que hemos heredado a nuestros hijos las herramientas para construir vidas prósperas y un sano sentido del esfuerzo y responsabilidad.

Espero de todo corazón que cuando ese momento llegue, podamos presentarnos delante de Dios con una conciencia limpia y con la satisfacción del trabajo bien logrado.

Pero quizás, contrario a lo anterior estemos heredando una sociedad más violenta y corrupta, dividida en diversas ideologías, con la falsa idea de que sólo se debe luchar por los derechos, dejando a un lado las obligaciones y donde todo vale mientras sea en mi beneficio personal e implique el mínimo esfuerzo o sacrificio.

El Salmo 127 nos dice: “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre”, pero parece que estamos entendiendo todo al revés, y de esta forma encontramos niños abandonados, sin un referente de sana autoridad, que los proteja e impulse a crecer y alcanzar sus metas en la vida, con padres ausentes física y/o emocionalmente, carentes de los cuidados mínimos para desarrollarse en forma segura e integral (espíritu, alma y cuerpo).

Fue el apóstol Pedro quien dijo que Dios nos hizo renacer para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, reservada en los cielos para nosotros, que es la salvación y en el libro de Romanos el apóstol Pablo agrega, que si somos hijos de Dios también somos sus herederos y coherederos con Cristo.

Personalmente la herencia que quiero dejar a mis hijos y nietos y a los que vengan después de mí, es que amen y obedezcan a Dios, que se esfuercen por alcanzar sus metas, que no busquen el camino fácil, que entiendan que las cosas buenas se alcanzan con sacrificio y perseverancia, pero luego traen paz y una sana satisfacción por el trabajo bien logrado.

Les insto a que examinemos nuestras vidas y reflexionemos en qué vamos a heredar a nuestros hijos y cómo seremos recordados.


Juan David Quijano