Lo que no se discute del cable chino

|

Alfredo barriga 2

Desde que salió la declaración de Marco Rubio por la cual se suprime la VISA para entrar a Estados Unidos al Ministro de Transporte de Chile, junto con el Subsecretario de Telecomunicaciones y el Jefe de Gabinete, toda la discusión ha girado en el plano político: si se sabía o no de las advertencias de Estados Unidos a Chile acerca de la inseguridad de tener como proveedor a una empresa China subrogada al Gobierno chino. Pero poco se ha discutido sobre la seguridad en sí. ¿Se trata de algo real o simplemente Estados Unidos lo está poniendo de esa manera como parte de su guerra por la hegemonía tecnológica en América?



La reciente acusación de Estados Unidos contra funcionarios chilenos por el proyecto de un cable submarino entre Chile y Hong Kong revela algo más profundo que una disputa técnica: expone la nueva geopolítica de la infraestructura digital. En un mundo donde más del 95% del tráfico global de datos viaja por cables submarinos, cada ruta es un activo estratégico. Y cada decisión sobre quién la construye, opera o mantiene es interpretada por las potencias como un movimiento en el tablero global.


Washington sostiene que permitir que una empresa estatal china participe en un cable transoceánico podría comprometer la seguridad hemisférica. El argumento se apoya en dos premisas: la ley china que obliga a empresas a cooperar con sus servicios de inteligencia, y la posibilidad —teórica, pero no imposible— de interceptar o manipular datos en puntos críticos de la red. Desde esa óptica, cualquier expansión de infraestructura digital china en América Latina es vista como una amenaza a la influencia estadounidense.


Pero reducir el debate a “riesgo o no riesgo” es simplificar un dilema mucho más complejo. Para Chile, un cable directo a Asia no es un capricho geopolítico: es una oportunidad para diversificar rutas, reducir dependencia y mejorar competitividad. Hoy, la mayoría de nuestras comunicaciones internacionales pasan por nodos bajo influencia estadounidense. ¿No es razonable buscar alternativas que fortalezcan nuestra autonomía digital?


El verdadero desafío no es elegir entre China o Estados Unidos, sino diseñar una gobernanza que garantice soberanía tecnológica, seguridad y transparencia, sin renunciar a la diversificación. Eso implica control soberano de estaciones terrestres, auditorías independientes, estándares de ciberseguridad robustos y participación de múltiples proveedores.


La reacción estadounidense muestra que la infraestructura digital dejó de ser un asunto técnico: es política exterior en estado puro. Chile debe navegar este escenario con prudencia, pero también con claridad estratégica. No podemos permitir que la geopolítica de otros defina nuestras decisiones. Tampoco podemos ignorar los riesgos. La respuesta está en fortalecer nuestra capacidad de gobernar la infraestructura crítica, no en renunciar a ella. Cambiar el eje de la discusión. Poner sobre la mesa factores técnicos incuestionables, contrarrestando los argumentos que son meramente “posibilistas”, como que los datos del cable sean hackeados. Podríamos, por ejemplo, tener el cable chino pero la ciberseguridad norteamericana (puesto que lo que le preocupa a Estados Unidos es precisamente la seguridad)


La discusión pública debe salir del reflejo político y entrar, por fin, en el terreno donde este debate realmente importa: la capacidad de Chile para gobernar su infraestructura crítica en un mundo marcado por la rivalidad tecnológica.


Chile tiene la oportunidad de transformar este conflicto en una ventaja estratégica: diversificar su conectividad, fortalecer su autonomía digital y establecer estándares de ciberseguridad que respondan a sus propios intereses, no a los temores o ambiciones de otros. Para eso, el país debe recuperar el control del debate, exigir evidencia técnica y diseñar una gobernanza que combine apertura, prudencia y soberanía.


Alfredo Barriga

Profesor UDP

Autor de “Futuro Presente: como la nueva revolución industrial afectará mi vida” en Amazon

europapress