La polÃtica ha fracasado. Gobernaron para el interés partidario y su clientela y si sobraba tiempo, para el paÃs. Las leyes demoraban 5 a 10 años en aprobarse. La de gobernadores regionales 6 años y aun incompleta porque no se ha definido las facultades y los recursos con que contarán. Serán gobernadores de papel. La reducción de la dieta parlamentaria ( 21.233) 6 años y aún hay mucho que tijeretear. La que elimina la reelección de autoridades 14 años, no porque no fueran complejas en demasÃa, sino porque el tiempo de trabajo de gobernar se destinaba a diálogos y debates improductivos: dedicarse a las acusaciones constitucionales, al chorlito, bingo, decretar el dÃa del rock chileno, etc. Pero el dÃa de la constitución seguÃa en espera. Bachelet gastó una fortuna en preparar un proyecto basado en los cabildos populares, pero no pasó de ahÃ, mandó el proyecto la última semana de su mandato. La previsión, salud, vivienda, educación, no se logró tornarla eficiente y productiva en beneficios de la población. Es más fácil dictar y reditar leyes ya existentes y culpar al modelo por la lentitud en luchar contra la desigualdad.
Pero llegó el violento 18 de octubre del año pasado seguido del pacÃfico 25 del mismo mes (con escaso impacto). Los polÃticos se asustaron tanto que pensaron que dictando una nueva constitución se resolverÃan todo aquello que no lo hicieron en 30 años. Simplismo abismante. Entre el 2000 y el 2020 hemos tenido 6 elecciones de 198 congresales que nos cuestan $ 130.715.092.000 por años (US $ 170 millones), en 20 años son US $ 3.400 millones y se dejó de construir 120.000 viviendas, la mitad del déficit habitacional del paÃs. No quiere decir que no debe existir el congreso para resolver el problema habitacional, sino que, si fuera más eficiente en su trabajo, no necesitarÃamos dos cámaras con 200 congresales ni con sus faraónicas remuneraciones y podrÃamos haber incrementado el gasto social (educación, salud, vivienda, previsión). Igual cosa con la ineficiencia estatal.
El Plebiscito impulsó además otro castigo peor. Los enmudeció. Ningún parlamentario podrá integrar la Comisión Constitucional porque la contaminarÃan con su ineficacia, soberbia y disputas interminables. Ha transcurrido una semana y los medios de comunicaciones no han nombrado más a ningún polÃtico. No los entrevistan, ni solicitan sus opiniones. Están en cuarentena verbal consecuencia de los malos hábitos. Doña Beatriz Sánchez ha enviado a no se quien una carta en la que entre lÃneas quiera meterse en la Asamblea Constituyente. Los partidos quieren incorporar a los independientes en sus listas para la Asamblea, obviamente pensando que los podrá manejar.
Esto explica el tremendo éxito del plebiscito. La ciudadanÃa se cansó de ser tramitada como cuando se pide hora a un médico en el sistema público o se debe esperar tres o cuatro años para extraerse un tumor. Ahora será ella la que elabore y proponga una nueva constitución, asesorada por los constitucionalistas y no por los activistas polÃticos.
El Knock Out ha sido total.
Javier Fuenzalida A.
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