​La era de la dictadura de las RRSS: El peligro de la difusión masiva

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Bernardita Espinoza1


En los últimos meses que han sucedido a la crisis social de octubre y luego esta crisis sanitaria en que nos encontramos inmersos a causa de la pandemia de COVID-19, he observado, pues he tenido mayores razones para hacerlo en la búsqueda de información relativa a estos turbulentos tiempos, cada vez con mayor preocupación el fenómeno de la difusión masiva que ofrece las Redes Sociales (RRSS) y el periodismo “independiente” que se emite por Internet, por llamarle de algún modo, manifestaciones de “espacios públicos de opinión”, en los cuales es demasiado habitual que quienes emiten opiniones y mensajes no se hacen responsables por la veracidad o propiedad de los contenidos y suele no existir la mínima censura relativa, justamente a estas cuestiones (veracidad, propiedad), que sí cuentan, no en forma infalible, los “medios de comunicación” tradicionales, los cuales, aunque actualmente también se encuentran en versión digital y usan las plataformas de difusión masiva que ofrecen las RRSS, al menos sí deben hacerse responsables de lo que publican. De este modo, sin responsabilidad ni la más mínima censura, estamos en tiempos de la difusión masiva, de los “opinólogos” iracundos, de la emisión de opiniones sin la responsabilidad de tener interlocutor que te cuestione, exija fuentes o explicaciones, sin la responsabilidad de tener fundamentos o fuentes fiables, sin la responsabilidad de fundar las premisas en la verdad, en forma instantánea e irrefrenable. Nunca la humanidad enfrentó tal peligro.

Siempre han existido charlatanes, pero durante milenios las palabras, los mensajes que recibíamos, las opiniones que se emitían, que rara vez lograban difundirse en forma instantánea y realmente masiva, asimismo, al menos, eran emitidas por personas plenamente identificables y que tenían cierto nivel de instrucción, por ende, responsabilidad sobre sus dichos y si no era así, no lograban llegar a una centena de individuos. Aun así, viniendo de la nimia proporción de personas instruidas, en muchos casos, sus dichos eran falsedades y a veces mensajes peligrosos, no obstante no tenían el mismo efecto que hoy pues tenían llegada a un público no tan masivo, ni en forma tan inmediata, su público solía ser más selecto (había que saber leer cuestión que no era masiva) y por ende su influencia y la barbarie que, en muchas ocasiones, desgraciadamente ocasionaron, era limitada a una zona o sector de la orbe. Se sumaba a esto, que quieren eran receptores de opiniones de difusión masiva eran los pocos instruidos y preparados de la Sociedad.

De casualidad conversando esta temática me informé que Umberto Eco, también ha opinado de este tema, con rudeza, eso sí, señalando: "Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos rápidamente eran silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles", no quiero ser tan ruda como Eco, pero al menos puedo decir “a legiones de individuos que no se hacen responsables de lo que dicen y por ende no se toman el cuidado de pensar antes de emitir un mensaje, que tiene difusión tan instantánea y masiva, ciertamente, como la de un premio Nobel”.

Ahora, en tiempos de crisis, esta situación adquiere mayor peligrosidad, adquiere mayor efecto la proliferación de la ignorancia, la insensatez y la irresponsabilidad, así como el aprovechamiento del miedo y la ansiedad de la gente, que hace explotar los medios en la difusión masiva de “opiniones, estudios, cifras, noticias” de dudosa calidad, de dudosa precisión y seriedad, que provocan a pueden provocar acciones u omisiones masivas de la población y lo que es peor aún en quienes deben dirigirnos. Así es, veo con preocupación cómo las autoridades a nivel mundial, en gran medida se dejan llevar por este inestable vaivén de opiniones masivas, que creen que se trata de la “opinión pública”, se autolimitan de tomar las decisiones a veces aparentemente duras que deben tomar y que puedan resultar en “funas” masivas que afecten su popularidad y los votos que necesitan para mantenerse en el poder, o simple y llanamente manipulan o falsean las cifras, por ejemplo respecto del COVID-19, para conseguir objetivos políticos o económicos mediante su efecto en la población.

Por otra parte, una era de la dictadura de las RRSS implica la búsqueda de aparecer, de figurar como sea en esa difusión masiva, donde el contenido, la calidad ya no importan, si miento, si injurio a otros tampoco, juego peligroso en que muchos (demasiados) caen, incluso en la clase dirigente y los líderes de opinión se ha perdido el sentido de la consecuencia, de la responsabilidad, de modo que como lo que importa es el impacto instantáneo de figurar, si hoy digo reclamando firmemente algo y dos semanas más tarde reclamo y vocifero indignado por exactamente lo contrario, no importa, pues incluso si hay polémica por dicha contradicción, esta polémica ayuda a esa ansiada figuración. Publicidad gratuita, donde no importan las ideas, los planteamientos, la consecuencia y la visión de futuro, menos el objetivo país, la mesura y el servicio público, sino que simple y llanamente hacer ruido y hacerse notar.

Entonces, ¿qué hacemos? ¿Evitar las RRSS, salirse y/o bloquear a quienes no nos gusta lo que dicen? No, desde mi punto de vista, que comparten muy pocos sensatos, no es la solución, pues implica que de a poco toda la gente mesurada, sensata y pensante va abandonando medios de difusión masiva que se convierten nos guste o no el mecanismo de información de una gran mayoría de la población, dejándolas a merced de la ignorancia y la irresponsabilidad. Y del mismo modo los políticos y figuras públicas de notoria mesura y sensatez van quedando sin votos y espacios para agregar valor a la Sociedad… Luego ¿qué hacer?, pues primero darse cuenta de lo que está sucediendo, analicen y debatan, sean respetuosos incluso ante la ignominia, pidan mayores antecedentes, busquen fuentes antes de creer o difundir, sean críticos, suban el nivel de los debates, eviten tomar como ciertas comunicaciones de medios que no se hacen responsables del contenido de lo que publican o “se publica” en ellos. A los políticos y líderes de opinión les diría, algo que deben saber mejor que yo, que las decisiones políticas, empresariales, sociales no deben ser populares, deben ser las necesarias, las correctas para garantizar el bien común y la sostenibilidad de este en el largo plazo, no usen las RRSS como barómetro de su idoneidad asuman su función, para la cual han sido envestidos con “accountability”, un término que en lengua anglosajona tiene un sentido más amplio que responsabilidad, es hacerse cargo de las consecuencias de actos, decisiones y omisiones.


“Hay que tener el valor de decir la verdad, sobre todo cuando se habla de la verdad” (Platón)


Bernardita Espinoza

Ingeniero Civil Industrial, U. de Chile

Magister en Derecho,  P. Universidad Católica de Chile (en trámite)