Empresarios y política

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Mario Astorga2

No es muy común que alguien que se dedica a la actividad empresarial participe activamente de la vida política del país, o que un político profesional, incluso cuando deja de serlo, se dedique al mundo empresarial. Hay excepciones, pero las características que requiere una y otra actividad son diametralmente distintas. Los empresarios son concretos, prácticos, quieren llegar rápido a los resultados y cuanto más pronto mejor, prefieren las malas negociaciones que los largos pleitos, no buscan premios ni alabanzas, salvo las que da el mercado a través de preferirlos. Los buenos políticos, por el contrario, nunca deben dejar de soñar en el bien común (aunque muchos casos de corrupción demuestran que esa es una característica más bien escaza en el presente), saben que todas las buenas políticas públicas son técnicamente complejas y multidimensionales, por lo tanto, desconfían de las soluciones parches, simplistas y de corto plazo. Por esas diferencias tan diametrales son raras las situaciones en las cuáles los empresarios, ya sea de manera individual o colectiva se pronuncian en política. En Chile lo han hecho muy pocas veces. 

Lo hicieron al final del gobierno de la unidad popular y su mensaje fue determinante en el proceso siguiente; también lo hicieron al final del segundo gobierno de la presidenta Bachelet, cuando declararon que en la Araucanía ya no imperaba el Estado de Derecho. Con todas las vulneraciones que han ocurrido al Estado de Derecho en los últimos meses ha hecho falta una declaración así de fuerte de parte de los gremios empresariales. Recientemente la Confederación de la Producción y el Comercio, la organización que reúne a la casi totalidad de las grandes empresas privadas de Chile, hizo una declaración a través de la cual se “suma al llamado por un Acuerdo Nacional que ponga fin a la violencia y permita avances en agenda social y recuperación económica”. Esa declaración, junto a la que en días anteriores habían hecho las organizaciones que reúnen a las PyMEs, han sido muy bien recibidas por la ciudadanía.


Los empresarios disponen de múltiples caminos para participar de la vida política del país, individualmente o a través de sus gremios: en las elecciones de autoridades nacionales y locales, en la elección de sus representantes gremiales, en la relación de sus ejecutivos con las comunidades locales, a través de declaraciones como las comentadas, a través del silencio -sobre todo cuando el resto del país espera una toma de posición de parte de ellos, a través de financiar a ciertos candidatos, a través de la compra de publicidad en los medios que le son afines, a través del patrocinio de algunos programas de radio y TV, o a través de las razones esgrimidas para quitar dicho patrocinio.


Hace unas pocas semanas un empresario le comunicó al gerente de un medio de comunicación que, a través de sus empresas, había dejado de anunciar en un exitoso programa, conducido por un empresario y dirigente agrícola  “por la deplorable actitud de CNN y CHV (Chilevisión) en los momentos en que Chile necesitaba de un periodismo serio, objetivo y libre de sesgo político. Lamentablemente CNN infringió y no supo actuar correctamente e imparcialmente”.(SIC). En la parte final de la carta señalaba que “ojalá otros auspiciadores hagan lo mismo".


Esa carta le auto-atribuye a los empresarios un rol adicional, con el que nadie puede estar de acuerdo, el de CENSURA. Los empresarios, según la declaración, tienen las competencias para definir que es “un periodismo serio, objetivo y libre de sesgo político”. Se convierten entonces en enemigos de la libertad de expresión. Dicho empresario pudo haber decidido quitarle el auspicio a un programa. De hecho, las empresas suelen hacerlo cuando la línea de un programa se aleja de la imagen que la empresa o su producto quieren tener; pero de allí, a CENSURAR la línea editorial de dos canales de televisión e invitar a los empresarios que piensan como él a quitarle el financiamiento, hay un abismo. Ya no se trata de la discordancia entre la imagen de mis empresas y sus productos con la línea editorial de un programa o de un canal de televisión, sino que es un llamado a censurar a todos los medios que no piensan como los propietarios de grandes empresas. Es la voluntad de presionar a todos los medios de comunicación y sus periodistas. ¡Si quieren seguir contando con nuestro financiamiento y con nuestra publicidad, deben tocar la música que nosotros los empresarios, a través de nuestra inversión publicitaria les imponemos!  


¿Es una actividad empresarial ejercer la censura en contra de todos aquellos que piensan distinto y le muestran al país lo que los empresarios no quieren ver? ¿Y donde quedó la libertad de expresión? Si las empresas solamente avalamos la libertad de expresión de aquellos que piensan igual que nosotros ¿Qué clase de libertad de expresión es esa? ¿En qué se diferencia esa conducta del Control Estatal de la prensa de los países comunistas como China, Rusia, Corea del Norte y Cuba y del fascismo Nazi? ¿Eso es lo que haría ese empresario si estuviera en el poder? ¿Qué democracia se construye así? ¿Es esa una contribución a solucionar la crisis que enfrenta actualmente el país?


Por ello, es muy sorprendente y desesperanzador que el conjunto de las grandes empresas haya decidido que, en este momento que vive el país, es justamente ese empresario el que mejor los representa como su líder gremial máximo. ¿Esa es la contribución que la CPC quiere hacer al proceso de pacificación que declara buscar? ¿Lo que viene entonces es un periodo de censura a todos los medios de comunicación que no piensan como los empresarios?


Los ciudadanos son inteligentes, si no les gusta la línea de un medio de comunicación no profieren ni amenazas ni censuras, solamente buscan un nuevo medio de comunicación, hay muchos para elegir; en eso consiste la libertad de expresión y la libertad de prensa.


Los empresarios, sobre todo los propietarios de grandes empresas ya disponen de muchos medios para hacer sentir su influencia sobre el país, no es pertinente agregarle el rol de censores de la prensa, menos desde la principal organización empresarial del país. No le sigamos agregando fuego a la hoguera debajo de la caldera.



Mario Astorga De Valenzuela