Margarita Ducci



Margarita Ducci

El reciente mensaje de Emmanuel Faber, ex CEO de Danone y actual presidente del International Sustainability Standards Board (ISSB), no sólo es oportuno: es profundamente revelador del momento que vive el mundo empresarial. Plantea una idea que hace pocos años parecía improbable: que la creciente tensión geopolítica, lejos de debilitar la agenda de sostenibilidad, la está transformando en un factor estratégico para la estabilidad económica, el acceso a capital y la competitividad global.


Durante los últimos años hemos sido testigos de una transformación profunda en la manera en que las empresas abordan la sostenibilidad. Lo que hace una década era visto como una acción voluntaria o complementaria, hoy forma parte de las decisiones estratégicas de las organizaciones.

Hace algunos años, cuando hablábamos de sostenibilidad en el mundo empresarial, la conversación giraba en torno a compromisos, reportes y, muchas veces, buenas intenciones. Hoy, esa conversación cambió. Y cambió profundamente. De hecho, en diversos paneles en los que he participado, la palabra que más resuena no es sostenibilidad, ni tampoco innovación, ni siquiera impacto.

Nuestros actuales patrones de consumo y producción han acelerado la triple crisis que amenaza la salud humana y planetaria; tales como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación.

A menudo, cuando hablamos de crisis climática, nos perdemos en la frialdad de las cifras olvidando que en el centro de esta grave situación estamos nosotros, nuestras familias, nuestros barrios y ciudades, y el futuro de quienes hoy comienzan a vivir.

Nos encontramos en un punto de inflexión histórico. A sólo cuatro años de que expire el plazo para cumplir con la Agenda 2030, las señales que emanan de la CEPAL no son una advertencia, es un llamado de auxilio para el modelo de desarrollo que hemos construido.

El mundo entero aguarda en tensión y permanece expectante. La reciente escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán ha abierto una nueva y peligrosa etapa de inestabilidad global. Los ataques aéreos, las represalias con misiles y drones y la expansión del conflicto hacia distintos países de Medio Oriente han dejado miles de víctimas, desplazamientos masivos y una creciente amenaza para la seguridad internacional. 


La nueva realidad climática nos llama a repensar lo que hemos construido y lo que queremos construir. Ante un escenario donde sequías prolongadas, olas de calor extremas, escasez hídrica y fenómenos ambientales sin precedentes se han convertido en parte de nuestra cotidianidad, el mundo de la educación, y en particular la educación ambiental, se transforma en un objetivo esencial y urgente. No se trata de enseñar sobre la naturaleza, sino de sensibilizar sobre su valor, y así formar ciudadanos convencidos de la necesidad de ser capaces de actuar, comprender, transformar y regenerar.

En un mundo que exige respuestas audaces y disruptivas, el liderazgo femenino no es sólo una cuestión de equidad, es una responsabilidad estratégica y un imperativo competitivo para alcanzar el Desarrollo Sostenible. El talento, la innovación y la resiliencia, como valores que impulsan el avance económico y social, están en todas partes, pero todavía no se expresan con plena intensidad, mientras la mitad de nuestra sociedad enfrenta barreras estructurales para participar plenamente en los espacios de decisión.

Cada enero, Davos vuelve a aparecer en las noticias como un símbolo: para algunos, el lugar donde se reúnen las élites a diagnosticar los problemas del mundo; para otros, un espacio incómodo pero necesario, donde se ensayan consensos globales en medio de un planeta cada vez más fragmentado. Este año, sin embargo, Davos dejó algo más que declaraciones. Y eso importa.