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Margarita Ducci |
Hablar hoy del futuro del trabajo nos llama a una conversación urgente sobre decisiones que ya están transformando la vida laboral en Chile. La automatización, la digitalización y la inteligencia artificial están redefiniendo empleos, habilidades y modelos productivos con una rapidez sin precedentes. Pero la pregunta que debemos hacernos es más profunda: ¿en qué condiciones trabajaremos y quiénes quedarán dentro o fuera de esta transición?
Por años, la sostenibilidad fue vista como un complemento deseable, pero no esencial, de la gestión empresarial. Un ámbito relevante, sin duda, pero muchas veces separado del corazón de las decisiones estratégicas. Hoy, a pesar de voces disidentes, esa mirada ya no resiste el análisis. Vivimos un contexto global complejo y exigente.
En el pacto firmado en 2015 por 195 países, se acordó una brújula común para el bienestar del planeta: limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 °C. Diez años después, esa brújula no sólo sigue vigente, sino que apunta con mayor urgencia.
La COP30 en Belém dejó de ser una aspiración para transformarse en el escenario donde se ponen a prueba nuestras promesas climáticas.
Belém, con altísimas temperaturas, rodeada por el verde inmenso de la Amazonía, se volvió de pronto el lugar donde todos miran. No porque suene exótico ni porque tenga uno de los ríos más grandes del mundo, sino porque ahí se juega una pregunta bastante simple y a la vez incómoda: ¿de qué futuro estamos hablando cuando hablamos de clima?
Más del 60% de los signos vitales del planeta muestran un deterioro alarmante, según el último informe “Estado del Clima 2025”. La ciencia advierte que la ventana para actuar se está cerrando, y que la inacción podría tener consecuencias irreversibles.
Representar a Pacto Global Chile en la Cumbre de Líderes, en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas, fue más que un honor: fue una confirmación de que el sector privado está llamado a jugar un rol decisivo en la transformación global. En un escenario marcado por conflictos armados, crisis climática, desigualdad creciente y la pérdida de confianza institucional, las empresas comprometidas con la sostenibilidad no sólo están respondiendo al llamado ético, sino también al estratégico.
A cinco años del plazo para alcanzar las metas de la Agenda 2030 la pregunta clave no es si llegaremos a cumplirlas, sino cómo vamos a acelerar las acciones concretas para lograrlo. Más aún cuando el informe de la ONU sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2025 revela que solo el 35% de las metas están en camino de alcanzarse o registran avances moderados. Asimismo, advierte que un 18% está retrocediendo.
Chile enfrenta una encrucijada existencial. Es que ocupar el puesto número 16 a nivel mundial entre los países con mayor estrés hídrico que utilizan al menos el 80% del agua disponible, no es sólo una estadística alarmante, es un llamado de urgencia que resuena en nuestros valles, ciudades y directorios.
A lo largo de estos años, la articulación promovida por Pacto Global de Naciones Unidas ha generado iniciativas empresariales que impactan positivamente en el entorno, pero han sido la convicción de las empresas y sus líderes lo que lo han hecho posible.