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Luis Riveros |
No cabe ninguna duda que el año 2020 se constituyó en una verdadera catástrofe con respecto a la educación de los más vulnerables. Éstos, sometidos a la amenaza del contagio con el COVID19, estuvieron esencialmente desvinculados del proceso de aprendizaje y del sistema escolar.
Los recientes resultados de la Prueba de Transición Universitaria (PTU) han puesto una vez más en evidencia el gran retraso de la educación municipalizada con respecto a la privada y a la subvencionada.
Así estamos educando a nuestros niños. Por una parte, en la lógica de la violencia, transmitiendo el mensaje de que nadie es escuchado y que a nadie importa lo que sufre cada uno. Mensaje de frustración, que genera odio proyectado al futuro, lo que hace ver como normal un “desquite” incendiando edificios públicos o propiedad privada.
La ciudadanía se encuentra muy inquieta frente a lo que parece una inmigración fuera de control. Diarios reportes desde el norte de Chile dan a conocer la existencia de verdaderas multitudes de inmigrantes que no necesariamente parecen cumplir con los requisitos debidos para ingresar al país, es decir cumpliendo adecuadamente con las leyes y reglamentaciones.
A partir del segundo trimestre del 2020 Chile se ajustó estrictamente a las severas condiciones impuestas por la pandemia del COVID19. El factor decisivo para explicar esto fue el temor.
Nuestro país vive los síntomas de una especie de bipolaridad social. En efecto, Chile vive tiempos muy difíciles en lo económico y sanitario, pero el mundo político está envuelto en debates que ocurren realmente en otra esfera, distinta y casi contradictoria con lo que el ciudadano medio demanda.
Se ha manifestado que quienes están a cargo de legislar nunca han atendido adecuadamente los negativos desarrollos observados en la Araucanía. Los mismos se manifiestan actualmente en contingentes civiles bien armados, acciones violentistas de distinta naturaleza y una intensa actividad vinculada a la droga.
Junto con el nuevo año, se revive un debate que los chilenos practicamos cada vez y que se refiere a la aplicación de pruebas de selección para el ingreso a la universidad. El tema es siempre atractivo, y muchos movimientos políticos lo utilizan para reseñar lo adecuado de sus postulados o alentar los postulados que otros llevan como bandera emblemática.
El año que se nos va estuvo marcado por una seguidilla de desarrollos negativos. La historia lo recordará como el año de quiebre en muchas tendencias que se venían dando en la sociedad chilena y que, para bien o para mal, proseguirán una evolución distinta y con resultados aún impredecibles.
Chile figura dentro de los países con mayor tasa de suicidios juveniles en el mundo, una estadística en extremo preocupante y que debiera llamar la atención de la política pública. Es la punta del iceberg de frustraciones y desencuentros que son propios de una sociedad en transición, también de un rango etáreo particularmente sensible a la problemática social y la desadaptación