Luis Riveros



Luis Riveros

Primero se constituyó en hito de una cierta “diversión” por parte de agitados grupos que usaron el emplazamiento de la estatua del General Baquedano como ícono para diversas celebraciones. En efecto, los triunfos y derrotas deportivos volcaban a la Plaza Baquedano a multitudes que coreaban alegres himnos o manifestaban su frustración frente al monumento.

Vivimos días muy difíciles, y sus tribulaciones se transmiten directamente a nuestros niños, quienes se enfrentan a la necesidad de adaptarse a una sociedad de incertidumbre y temor. Actos vandálicos son catalogados por muchos como acciones de “protesta”, aunque nunca está bien especificado porqué y ante qué.

El conflicto de la Araucanía ha ido escalando en cuanto al grado de violencia y la tensión nacional que ocasiona. De un conflicto que se visualizaba como uno de tipo local, en que comunidades mapuches reclamaban por derechos de propiedad que les habían sido conculcadas en el pasado, se ha avanzado a un conflicto que envolvería intervención extranjera y grupos eventualmente ligados al narcotráfico.

No cabe ninguna duda que el año 2020 se constituyó en una verdadera catástrofe con respecto a la educación de los más vulnerables. Éstos, sometidos a la amenaza del contagio con el COVID19, estuvieron esencialmente desvinculados del proceso de aprendizaje y del sistema escolar.

Los recientes resultados de la Prueba de Transición Universitaria (PTU) han puesto una vez más en evidencia el gran retraso de la educación municipalizada con respecto a la privada y a la subvencionada.

Así estamos educando a nuestros niños. Por una parte, en la lógica de la violencia, transmitiendo el mensaje de que nadie es escuchado y que a nadie importa lo que sufre cada uno. Mensaje de frustración, que genera odio proyectado al futuro, lo que hace ver como normal un “desquite” incendiando edificios públicos o propiedad privada.

La ciudadanía se encuentra muy inquieta frente a lo que parece una inmigración fuera de control. Diarios reportes desde el norte de Chile dan a conocer la existencia de verdaderas multitudes de inmigrantes que no necesariamente parecen cumplir con los requisitos debidos para ingresar al país, es decir cumpliendo adecuadamente con las leyes y reglamentaciones.

A partir del segundo trimestre del 2020 Chile se ajustó estrictamente a las severas condiciones impuestas por la pandemia del COVID19. El factor decisivo para explicar esto fue el temor.

Nuestro país vive los síntomas de una especie de bipolaridad social. En efecto, Chile vive tiempos muy difíciles en lo económico y sanitario, pero el mundo político está envuelto en debates que ocurren realmente en otra esfera, distinta y casi contradictoria con lo que el ciudadano medio demanda.

Se ha manifestado que quienes están a cargo de legislar nunca han atendido adecuadamente los negativos desarrollos observados en la Araucanía. Los mismos se manifiestan actualmente en contingentes civiles bien armados, acciones violentistas de distinta naturaleza y una intensa actividad vinculada a la droga.