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Luis Riveros |
Latinoamérica ha sido siempre víctima de un populismo que denuncia falencias y promete superar de modo permanente los prevalecientes problemas de atraso y pobreza. Sin embargo, usualmente, tales fines tropiezan con la realidad de escasez de recursos y de poca credibilidad de los países en el ambiente mundial, llevando a que los mismos se sumerjan en una serie de crisis estructurales cuya salida ha radicado tradicionalmente en el desencanto y la violencia
La discusión sobre un tercer retiro de fondos previsionales ha ocupado toda una semana noticiosa y de actividad política. Pero este debate ha estado bastante alejado de los intereses del ciudadano medio, quien mira con escepticismo y desilusión el cruce de opiniones y acusaciones entre distintos bandos, sin comprender cabalmente sus fundamentos.
Hace pocos días abundaron las noticias acerca del procesamiento a que sería sometido un alcalde de la Región Metropolitana, aparentemente por sus activas vinculaciones con el narcotráfico. Al mismo tiempo, se han generado opiniones de destacados dirigentes de un partido político quienes se han referido a la injerencia que el narcotráfico parece ejercer en su quehacer.
La ciudadanía está pasando por tiempos muy difíciles debido a la severa situación que impone la pandemia del COVID19. El encierro está causando estragos en la salud mental de todo el grupo familiar, y con ello alterando la calidad de la comunicación entre sus miembros y debilitando el necesario apoyo mutuo.
Poca duda cabe acera de que el reto más importante para Chile en los próximos años se refiere a aumentar considerablemente la tasa de crecimiento económico, esto es la expansión del Producto Interno Bruto. Sin esto no será posible el crecimiento del ingreso per cápita, ni la disminución del desempleo, ni el aumento de los salarios, cosas todas que esperamos ocurran para ver florecer nuevamente nuestra actividad económica y progresar en la calidad de vida del ciudadano medio
Nuestro país está pasando por un enorme sufrimiento producto de la terrible pandemia que nos aqueja y de sus tristes consecuencias. Se ha escrito mucho sobre las conductas que hemos estado practicando como sociedad y que han ayudado decididamente a llegar al punto de verdadera desesperación en que nos encontramos.
La situación sanitaria ha alcanzado una evidente gravedad, dado el número de infectados diarios y la presión que existe sobre la ocupación de camas para pacientes críticos. Indudablemente, esto es gran parte debido a la falta de disciplina que hemos mantenido como sociedad, dejando de lado las recomendaciones sanitarias y desarrollando todo tipo de conductas contrarias a la necesidad de aislamiento y protección.
Primero se constituyó en hito de una cierta “diversión” por parte de agitados grupos que usaron el emplazamiento de la estatua del General Baquedano como ícono para diversas celebraciones. En efecto, los triunfos y derrotas deportivos volcaban a la Plaza Baquedano a multitudes que coreaban alegres himnos o manifestaban su frustración frente al monumento.
Vivimos días muy difíciles, y sus tribulaciones se transmiten directamente a nuestros niños, quienes se enfrentan a la necesidad de adaptarse a una sociedad de incertidumbre y temor. Actos vandálicos son catalogados por muchos como acciones de “protesta”, aunque nunca está bien especificado porqué y ante qué.
El conflicto de la Araucanía ha ido escalando en cuanto al grado de violencia y la tensión nacional que ocasiona. De un conflicto que se visualizaba como uno de tipo local, en que comunidades mapuches reclamaban por derechos de propiedad que les habían sido conculcadas en el pasado, se ha avanzado a un conflicto que envolvería intervención extranjera y grupos eventualmente ligados al narcotráfico.