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Germán Pinto |
Siempre me ha llamado la atención la actitud criolla de copiar todo lo que se realizaba en el Santiago decimonónico, que muy bien retrató el autor nacional Daniel Barros Grez en su obra teatral “Como en Santiago” del año 1875.
En la celebración del Año Nuevo 2021 escuchamos constantemente: “que todo cambie” o “que todo sea mejor” con la ilusión que vivamos algo distinto a contar de este lunes 4 de enero. Sin embargo, mi columna de este primer lunes del año tiene el mismo tema que la columna que publiqué el primero lunes del año pasado.
El fin de año es un momento para hacer balances y, como buen contador, me permito hacer el correspondiente a mis columnas que Diario Estrategia ha tenido la amabilidad de publicar cada lunes.
Los organismos internacionales utilizan el concepto “costos de transacción tributarios” para determinar lo que cuesta logra el cumplimiento impositivo en un país, tanto para el contribuyente como para la autoridad fiscal para cobrar o fiscalizar, es decir, considera los costos de pagar y de cobrar tributos.
En la revisión del Gasto Tributario y diseño de una nueva reforma tributaria ha surgido el tema del costo que los contribuyentes tienen que enfrentar para cumplir su imperativo tributario. Según estudios sobre la materia, el 62% de los recursos que se destinan para el cumplimiento tributario se destina a pagar asesores en las microempresas y un 53% para el caso de las pequeñas empresas.
Se ha instalado en nuestro país la discusión sobre la importancia de la filantropía como una herramienta útil para solucionar los problemas sociales. Importantes centros universitarios de estudios así lo han señalado, como también el recién publicado informe de la OCDE titulado “Tributación y Filantropía”.
Dentro del ejercicio que se está haciendo de revisar el Gasto Tributario, que es la cuantificación de la menor recaudación que provocan todas las disposiciones que establecen algún tipo de rebaja en la carga tributaria de determinados contribuyentes, está la evaluación de los aparentes beneficios tributarios que reciben las empresas que realizan donaciones a universidades e institutos profesionales, corporaciones culturales, organizaciones de beneficencia, instituciones deportivas y a partidos políticos.
Dice el dicho popular “a río revuelto, ganancia de pescadores” cuando hay personas que aprovechan el desorden para sacar provecho, que es precisamente lo que estamos viendo en la discusión para aumentar la recaudación fiscal en estos momentos en que necesitamos muchos recursos para poder responder a las ingentes demandas sociales que se han manifestado en los últimos años, y más ahora que estamos con una pandemia que ha minado los ahorros de muchas personas y disminuido el potencial económico del comercio.
El otro día discutía con un amigo sobre la pertinencia de este nuevo 10% de retiro de los fondos de pensiones, el cual es la antesala de un tercer retiro. Yo le manifesté mis aprensiones fundamentado en el hecho de seguir realizando retiros solo redundará en una paupérrima pensión al momento de jubilar. Mi amigo me replicó señalando que ahora, con los fondos que tiene, su pensión sería baja, aplicando lo que ya muchos dicen: con retiro del 10% o sin él, de todas formas, la pensión será poca.
El Gobierno formó una comisión de 16 economistas para proponer una “hoja de ruta” para una futura reforma tributaria, como también para dar respuesta al compromiso tomado con la oposición de revisar las exenciones tributarias.