Sr. Director:
Cada verano, Chile vuelve a confirmar algo que desde el mundo del turismo vemos con claridad: el país no solo es un destino atractivo, sino también una plataforma estratégica para conectar experiencias, mercados y culturas en Sudamérica. En ese escenario, Santiago cumple un rol clave que hoy merece ser observado con mayor atención.
La capital reúne condiciones únicas para transformarse en un polo operativo del turismo regional: conectividad aérea, infraestructura hotelera, servicios profesionales y una diversidad de destinos a pocas horas de distancia. Desde el desierto de Atacama hasta la Patagonia, pasando por valles, costas y ciudades patrimoniales, Chile ofrece una variedad que pocos países pueden concentrar en un solo territorio.
En los últimos años, además, hemos visto un crecimiento sostenido del turismo proveniente de Brasil, un mercado que hoy es estratégico para el país. Solo en 2024, más de 780 mil brasileños visitaron Chile, impulsados por la nieve, el vino, la gastronomía y la experiencia urbana de Santiago. Este flujo no solo beneficia al sector turístico, sino que activa transporte, comercio, hotelería y servicios, generando un impacto económico que se distribuye en toda la ciudad.
Desde esa mirada, fortalecer a Santiago como centro neurálgico no es solo una decisión empresarial, sino una oportunidad país. Centralizar operaciones, planificación y diseño de experiencias permite proyectar a Chile como puerta de entrada a Sudamérica, integrando rutas binacionales, circuitos de naturaleza y propuestas que conectan el norte y el sur del continente.
La tendencia global apunta hacia un turismo más personalizado, informado y consciente. Los viajeros buscan asesoría experta, experiencias a medida y una comprensión real del territorio que visitan. En ese contexto, el desafío está en profesionalizar aún más la industria, incorporar miradas multiculturales y diseñar viajes que dialoguen con la identidad local, sin perder estándares internacionales.
Mirando hacia adelante, el potencial es enorme. Chile puede consolidarse no solo como destino final, sino como articulador del turismo regional, capaz de atraer viajeros de América, Europa y otros mercados de largo alcance. Para lograrlo, se requiere inversión, colaboración público-privada y una visión compartida sobre el rol que el turismo puede jugar en el desarrollo económico y cultural del país.
La temporada alta ya está en marcha. El desafío es aprovecharla no solo para recibir más turistas, sino para sentar las bases de un modelo de crecimiento sostenible, integrado y con proyección regional. Santiago tiene todo para liderar ese camino.
Por Marcelo Rollandi, Fundador Vivencias Travel