Señales necesarias

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Luis Riveros

El comienzo del nuevo año requiere evaluar el camino recorrido recientemente, y un pensamiento sobre los avatares que nos esperan en el período que comienza. Sobre lo primero, quedan sensaciones mezcladas sobre la marcha el país y lo que ello implica para cada uno de nosotros. Está, por cierto, el sufrimiento que ha traído tanto la pandemia como las continuas protestas plagadas de inentendible violencia. La sociedad chilena ha vivido presa del temor por la delincuencia y el terrorismo, así como por el avance significativo del narcotráfico y todas sus negativas secuelas. Sin embargo, Chile enfrentó exitosamente la crisis que constituyó la pandemia, lográndose que el país sobresaliera positivamente a nivel del mundo. Y es también motivo de satisfacción que se lograra paliar tantos males derivados de la situación pandémica en materia socio-económica, demandando significativos recursos públicos pero evitando que existieran dramas generalizados como ha ocurrido en tantos otros países, derivado de la ausencia de ingresos. Por último, la economía chilena experimentó una significativa expansión, muy por encima de las cifras negativas del año 2020 en materia de crecimiento, aunque ha sufrido una inflación por encima a de lo esperado. Hay pues elementos que deben ponerse en la balanza, especialmente aquellos, como es el caso de las amenazas contra la inversión, que dejan un legado preocupante para el futuro.

El año que comienza está rodeado de augurios muy preocupantes en materia económica debido a las proyecciones de bajo crecimiento y la existencia de una situación mundial que no es precisamente estimulante de la inversión y la estabilidad. Al mismo tiempo, los desarrollos en lo interno han favorecido un desaliento para la inversión, rodeada además de signos amenazantes que con gran facilidad y poca previsión, han emanado de nuevas autoridades. Las discusiones sobre la nueva Constitución han ejercido también amenazas importantes para el desarrollo de la industria exportadora y para la inversión en general. Las amenazas tributarias, que tan fácilmente se deslizan como una solución al desfinanciamiento de los más generosos propósitos políticos, también ejercen un rol negativo en el desarrollo de la inversión, especialmente en el caso de industrias medianas y pequeñas. Será un año éste, y seguramente también el 2023, en que se pondrá a prueba la capacidad de reacción de la economía, sujeta ella al conjunto de amenazas que se perciben.

Pero más allá de los temas económicos y financieros, la preocupación para este nuevo año se proyecta a materias de seguridad, que son cruciales para Chile. Por una parte, prevalecen preguntas respecto de la forma en que se enfrentará el terrorismo desatado desde la araucanía y que ya se extiende hasta las regiones VII y X de nuestro país. Aquí urge una respuesta de Estado, que no puede simplemente radicar en un diálogo que no es favorecido por quienes han declarado la guerra al Estado chileno, y mantienen presa del temor a miles de ciudadanos inocentes. El país necesita saber cómo se controlará este problema y cómo, al mismo tiempo, se enfrentará la delincuencia y el narcotráfico, que amenazan a toda la población. No es claro que política se promoverá en cuanto al control policial de estos problemas, frente a una delincuencia ya bien establecida y que cada día sorprende por su magnitud y capacidad de organización.

Ya ha pasado la época de los anuncios y las ofertas de campaña. Ahora es necesario que el país reciba un mensaje claro para ordenar la casa y poner en marcha al país en la senda de sostener el crecimiento, la equidad y la inversión, para así poder llevar mayor tranquilidad a los hogares chilenos.


Prof. Luis A. Riveros