¡Viva Chile!

|

Luis Riveros

Siempre se ha dicho que el mes de Septiembre es el de celebración de la Patria, el cumpleaños de la Nación. Desde niños, aprendimos que así se celebraba la independencia que había obtenido Chile del dominio español, y que daba así paso a la fundación de la República. Un proceso similar al que vivieron las otras actuales repúblicas del área iberoamericana, y que ha sido un proceso que siempre ha estado revestido por luces y sombras. En efecto, a pesar de la mayor madurez y éxito que alcanzaba el proceso de construcción republicana a lo largo de los años, siempre han existido eventos que han dado paso al cuestionamiento de sus logros. Diversos hechos violentos que afectaron gravemente la marcha del país, graves dificultades, a veces mal resueltas, en el ámbito político social, desmembración de la Nación en sus realidades regionales y locales con escasa interlocución, etc.. Todo ello, empero, ha sido siempre abordado con tino, aunque muchas veces no con los mejores instrumentos ni con la capacidad para efectivamente mirar al largo plazo. La cuestión es que el proceso de construcción de la república ha sido intenso y con resultados que parecen haber consolidado en un país integrado, respetado por sus pares y en permanente progreso. Las celebraciones de Fiestas Patrias rinden culto a este proceso intenso que emergió en 1810 y se consolidó en 1818, y durante todo el tiempo en que la república aprendió a amar sus propios logros y a construir un país con respeto por la inclusividad y por sus logros sociales y materiales.

Este año ha estado marcado por la continuación de una protesta que ha golpeado intensamente los sentimientos de todos. Ha emergido con fuerza el reclamo de los pueblos originarios, porque no se habrían respetado sus derechos existiendo aún muchos temas no solucionados. Y también el reclamo por parte de una clase media que aspiraba a disfrutar más directa y notoriamente del progreso observado en materia económica. Y además la protesta de una juventud que exige más derechos y oportunidades, los cuales habrían sido pospuestos en las ansias y logros republicanos de los últimos años. Y en este reclamo sobre asuntos pendientes, surge con fuerza la invocación a un pasado que, por una parte, se cuestiona, mientras que, al mismo tiempo, se idealiza. Choque contradictorio de ideas y sensaciones, que conduce a lo que predomina hoy día en la sociedad chilena: una significativa desorientación. La discusión Constitucional que se ha iniciado ya hace algunos meses es, posiblemente, un reflejo no sólo de esas aspiraciones contenidas sino también de la gran desorientación que existe en el país respecto de su curso futuro. El ámbito político tradicional no ha sido capaz de brindar orientación ni visión a largo plazo para establecer prioridades y un adecuado curso del debate. El ámbito político que se asumía traería innovaciones, no ha sido capaz de articular respuestas viables y efectivas a los retos que enfrenta la sociedad chilena.

Múltiples problemas se sucederán con motivo de que, a poco andar, se apreciará que una nueva Constitución no da solución inmediata, como muchos están esperando, a los problemas reclamados con insistencia, especialmente en el campo de las aspiraciones sociales y económicas. Esto se sumará a la delicada situación económica que empezará a vivirse a partir del año 2022, en que ya no se luchará en torno a la repartición de la riqueza generada por un país exitoso, sino a la forma en que se abordará la creciente pobreza y necesidades. Todo esto profundizará las disputas, acrecentará el cruce de acusaciones y simplemente dejará a un país más dividido y sin sentido de horizonte ni un liderazgo capaz de encausarlo. La República sufrirá nuevos espasmos de dolor que tendrán que contenerse con una actitud proactiva, donde se echarán de menos los liderazgos republicanos que ya hace mucho se aprecian ausentes o notoriamente diluidos.

Pero, es Septiembre. Los niños siguen celebrando en sus Escuelas, y se resaltan los valores patrios por doquier. Las familias planean reencuentros y un ánimo de celebración se esparce a raudales. Marcadas por las secuelas de la terrible pandemia que estamos sufriendo, las celebraciones patrias adquieren un momento especial como homenaje a la resilencia de nuestra Nación. Se restaura la memoria patria, se resaltan sus valores y se ponen en perspectiva respecto a los desarrollos y retos presentes, que habrá que apreciarlos con la visión constructiva y el ánimo positivo con que se fue siempre construyendo la república. Una celebración que no sólo mire hacia atrás, a nuestro pasado con sus logros y fracasos, sino que más bien mire hacia el futuro, retratado en el rostro ansioso de nuestra niñez y juventud.


Prof. Luis A. Riveros