A ciegas frente al futuro

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Luis Riveros

En estos días se ha dado a conocer un estudio de la OCDE en que se muestra la calidad productiva de la fuerza laboral sobre la base de competencias lectoras (comprensión de lectura) y habilidades matemáticas básicas. Chile figura en el último lugar de la Tabla con más de 40% de personas con inadecuadas competencias en ambos campos. Una reacción a estos datos es que nos estamos comparando con las economías desarrolladas, incluyendo países de desarrollo medio como Slovenia, Turquía y Grecia. Pero esto no justifica los resultados que obtiene Chile, puesto que siempre se ha dicho que estas son las “ligas” en que deseamos competir. Por cierto, podemos buscar referentes mucho menos relevantes del punto de vista de los resultados económicos y sociales, pero eso sería solamente para conformar nuestra objetiva falta de compromiso con el fondo del asunto: contar con un sistema educativo capaz de preparar adecuadamente a los chilenos del futuro. Una segunda reacción a estos datos es la de “buscar culpables”, cuestión que extiende la situación hasta las políticas educacionales de los últimos 50 años: el minimizado rol del profesor, las debilidades formativas del maestro, el equivocado diseño de la formación pedagógica y las falencias del hogar en relación a apoyar el desarrollo de una buena e integral educación. Todo se ha mencionado en este campo: la poca efectividad del currículo escolar, las bajas competencias del personal pedagógico, lo inadecuado de la infraestructura de apoyo al desempeño educacional, la falta de un proyecto educativo con estándares nacionales, la inadecuada educación preescolar y básica etc.

Siendo todas ellas verdades mencionadas reiteradamente en el debate de los últimos años, el ánimo de crítica y de búsqueda de responsables usualmente impide un análisis objetivo y la adopción de una vía de acción. Los datos en comento ponen bajo severo cuestionamiento la concepción de un modelo de desarrollo en que la productividad laboral juegue un rol decisivo. Pero no sólo eso: si bien la formación en competencias necesarias para un adecuado desempeño productivo es un tema básico para cualquier modelo de desarrollo económico, también lo es la necesidad de formar personas, en términos de valores y conductas ciudadanas, elementos que resultan vitales para obtener una sociedad integrada. Es decir, no se trata de fomentar solamente una educación en cuanto a sus aplicaciones productivas, sino también una educación que provea una formación humana compatible con la vida en sociedad. Parece ser que la educación chilena no hace ni lo uno ni lo otro. Existen, desde luego las excepciones a esta situación general, pero los malos resultados que se han obtenido a lo largo de los años, comparando a nuestra educación con otros países, son simplemente apabullantes. La necesidad de un cambio resulta obvio a partir de estas consideraciones, y de muchas otras que evidencian la ineficacia de nuestra educación, además del fuerte sesgo que en lo socio económico estamos manejando a lo largo del tiempo. Una educación desigual y de mala calidad promedio, es algo que nos ha perseguido como país a lo largo de los años.

Sin lugar a dudas los temas que envuelven los resultados en comento han sido largamente debatidos y son bien conocidos. El país necesita una verdadera revolución en educación, incluyendo revisión del currículo, instauración de estándares nacionales, mejoramiento de la formación de profesores, apoyo decidido a la educación preescolar y básica, instauración de políticas que eliminen el sesgo social y económico con que actualmente se brinda educación, y consecución de un adecuado balance entre la formación valórica y ciudadana y aquella que debe responder a incentivos productivos. ¿Cuál es el problema para que no se adopten pasos decisivos en estas materias, largamente debatidas por expertos? Una sola cosa es lo que falla: la falta d capacidad para que se tomen decisiones relevantes en las líneas mencionadas, y posiblemente muchas otras por parte del estamento político y empresarial. Para que ello ocurra, se necesitan políticos y empresarios que eleven la mirada, logren impulsar acuerdos estables en el tiempo sobre las transformaciones requeridas por la educación. O sea, se requiere una visión de futuro: el país que queremos determinará el tipo de educación que debamos proveer. Pero las discusiones están más bien centradas en el corto plazo, en temas electorales de poca trascendencia en el contexto del futuro del país, o en temas de ganancias sin perspectiva de largo plazo. Elevar la mirada y comprometerse con un modelo educativo que se sostenga por al menos dos décadas, es algo que inevitablemente debemos asumir. De otra forma entregaremos a los jóvenes un país en decadencia y sin la solvencia que inevitablemente requerirán los tiempos del mañana. 


Prof. Luis A. Riveros